El italiano asegura que todavía queda mucha batalla por delante para poder celebrar el Tour

 21 julio, 2014

Francia

Vestido de amarillo, sinónimo de liderazgo en la ronda gala, Vincenzo Nibali asciende durante la etapa que inició en Tallard y acabó en Nimes. | AP
Vestido de amarillo, sinónimo de liderazgo en la ronda gala, Vincenzo Nibali asciende durante la etapa que inició en Tallard y acabó en Nimes. | AP

El maillot amarillo del Tour de Francia, el italiano Vincenzo Nibali, afronta la recta final de la carrera con una ventaja que considera "consecuente" pero huyendo de la euforia porque dice que sería un error pensar que la competencia ya está ganada.

"No voy a cometer el error de pensar que el Tour está ganado. No, ni muchos menos, no lo está; el Tour se gana en París, no antes", afirmó el ciclista del Astana en una rueda de prensa durante la segunda jornada de descanso.

Nibali repite que aprendió la lección de la Vuelta a España del año pasado, cuando tras ocupar el liderato durante la mayor parte de la carrera se vio sorprendido en el fin de semana final por el veterano estadounidense Chris Horner.

El italiano asegura que todavía queda mucha batalla por delante para poder celebrar el Tour, empezando por los Pirineos, que se comienzan a ascender mañana.

"Todas las etapas de Pirineos son difíciles, incluida la de mañana, pese a que no tiene final en alto, pero la más complicada es la del Hautacam", dijo.

"El objetivo será controlar la carrera, conservar mi ventaja, que es consecuente. Tengo que estar atento, tener cuidado con las caídas y mantenerme cerca de mis compañeros de equipo", aseguró.

Un poco cansado de responder a la misma pregunta se mostró Nibali cuando le cuestionaron sobre el valor de su victoria en una carrera privada de los dos grandes favoritos, el británico Chris Froome y el español Alberto Contador.

"No he robado nada a nadie, todos los mejores están aquí, los mejores del mundo", aseguró.

Nibali recordó que su dominio de la carrera empezó desde la segunda etapa, cuando se impuso en Sheffield y se vistió por vez primera de amarillo.

"Ese día comencé a sentir que podía controlar el Tour. Había habido diversos ataques, entre ellos uno de Froome y otro de Sagan. Luego me marché yo y nadie pudo seguirme. Gané la etapa y me vestí de amarillo. De esa acción obtuve mucha confianza", afirmó.