Más allá de los 116 minutos que separaron al portero tico del récord de imbatibilidad, el Real Madrid recibió un golpe bajo ante un modesto rival

Por: Kenneth Hernández Cerdas 7 abril, 2016
Keylor Navas lamenta la caída del primer gol obra de Ricardo Rodríguez (34), quien le cortó, de penal, la racha de imbatibilidad que tenía en Champions League. | AFP
Keylor Navas lamenta la caída del primer gol obra de Ricardo Rodríguez (34), quien le cortó, de penal, la racha de imbatibilidad que tenía en Champions League. | AFP

Ubicado frente al paredón de fusilamiento, Keylor Navas intentó desviar la atención del tirador y movió sus brazos para incomodarlo. Cuando por fin sonó el silbato, la pelota salió disparada con fuerza a la esquina contraria a la que él se jugó.

Un gesto de incomodidad se reflejó en la figura del guardameta. No era para menos. Ese gol, anotado por el suizo Ricardo Rodríguez, tiró por el suelo el intento de mantener la cacería al récord de Jens Lehmann, el arquero alemán que, hace casi una década, mantuvo su arco virgen durante 853 minutos.

En su prematura carrera en Champions League, Navas nunca había recibido una diana, pero ante el modesto Wolfsburgo la historia cambió de forma radical al propinarle una inesperada cachetada no solo a él sino al Madrid, que estaba invicto en esta edición.

El tanto que recibió de penal, en el 17’, dejó en 116 minutos la brecha que le evitó al costarricense igualar a Lehmann e ingresar en los libros de estadísticas de la Champions .

La desazón para el tico no quedó ahí. En el minuto 25 el arquero sacó el balón de su guarida por segunda vez en el partido. Marcelo, quien suele ser su fiel escudero, falló en la cobertura del carril izquierdo, la pelota llegó al corazón del área y Arnold estremeció a Keylor, al Real y revolcó al madridismo.

Un raspón... Después de tocar el cielo con las manos, tras arrodillar al Barça en el Camp Nou, el frustrado récord de Navas es solo un raspón comparado con la herida que le abrió el Wolfsburgo al Real Madrid.

El octavo lugar de la Bundesliga sonrojó al equipo de Zidane, que volvió a navegar en el mismo mar de dudas con el que llegó a Barcelona días atrás.

El 2-0 con el que los alemanes tumbaron al cuadro merengue dejan a estos últimos contra las cuerdas, en una competición en la que hasta la mínima diferencia alcanza para eliminar al que tiene más estrellas en el pecho.

El equipo revelación de la Champions no tuvo más tiempo la pelota que Cristiano y compañía (41% a 59%), tampoco hizo más remates totales (10 a 21), pero su mayor acierto ofensivo le dio un triunfo sonoro en la Arena de Wolfsburgo.

El golpe es bajo para un Madrid que se juega la temporada en la máxima competición europea.

Aunque la Liga española no está sentenciada, hasta la fatiga los merengues han defendido que su objetivo es levantar la undécima. Ese quizás es el único trofeo al que pueden acceder sin depender de nadie porque para ganar el galardón criollo requieren de un desplome del Barcelona y del mismo Atlético de Madrid, que están encima suyo.

El conjunto blanco, vestido de azul oscuro en Alemania, necesitará ahora una diferencia de dos goles para cruzar la frontera a la semifinal. Los hombres de Zizou tienen a favor que jugarán el próximo martes en su casa, donde usualmente arrollan a los clubes de menor bagaje.

“Oir rugir al Bernabéu impone y lo necesitamos”, lanzó ayer el capitán Sergio Ramos. Aún así, el Real Madrid necesita más que un rugido para seguir en la disputa de la Orejona.