Entrevista exclusiva con Jaime Perozzo, sociólogo y psicólogo de la Sele

Por: Yuri Lorena Jiménez 26 julio, 2014

El terremoto mediático que precipitó el técnico Jorge Luis Pinto este jueves, al ofrecer en conferencia de prensa sus razones para no continuar como timonel del equipo patrio, desató réplicas que bien podrían convertirse en sismos más fuertes que los mismos decires de Pinto en ese momento.

MARCELA BERTOZZI
MARCELA BERTOZZI

El sociólogo y psicólogo social de la Selección, Jaime Perozzo, rompió el silencio en el que estuvo sumido durante casi tres años, desde que asumió la Tricolor junto con Pinto, pues lo suyo siempre fue el bajo perfil.

En el Mundial de Brasil, Perozzo salió del ostracismo a regañadientes, por orden de Adrián Gutiérrez, presidente de la Comisión de Selecciones de la Fedefútbol, y entonces la prensa local e internacional empezó a hacer eco del quehacer de este hombre al que muchos jugadores llaman “mi tata”.

Perozzo concedió una extensa entrevista a la Revista Dominical, publicada el domingo pasado en la que ya se inferían algunas fracturas entre Pinto y el resto del equipo. En ese momento, prefirió no ahondar.

Sin embargo, tras las incendiarias declaraciones del timonel, su coterráneo Perozzo, el mismo con el que Pinto ha armado dupla para conseguir cuatro títulos en Suramérica y con quien lo unía una amistad de 23 años, decidió narrar algunas de las vivencias más negativas, propiciadas, según afirma, por la personalidad “megalomaniaca, autoritaria, unilateral, impositiva y arrogante” de Pinto.

Perozzo atendió a La Nación vía telefónica desde El Salvador, donde se encuentra acompañando a la Sub20, que participa en el Premundial de UNCAF.

¿Qué opinión le merece lo ocurrido este jueves, cuando Jorge Luis Pinto decidió romper el pacto de silencio para contar su versión?

Ante todo, fue un gesto totalmente innoble hacia toda la Federación pero, principalmente, hacia Adrián Gutiérrez, que lo defendió tanto.

¿Cómo maneja usted, a su interior, el hecho de que Pinto lo trajo y ahora se hayan roto los vidrios entre ustedes. Usted más bien ha apoyado a los jugadores, federativos, asistentes, etc?

Primero hay que aclarar eso de “me trajo”. Yo decidí venir aún sabiendo que la forma de manejar el grupo no era la más adecuada. Precisamente por eso, porque manejé el grupo en el Cúcuta Deportivo cuando fuimos campeones en el 2006, y el Deportivo Táchira en el 2010 -2011, decidí acompañarlo en este proyecto.

“Cumplí con mi tarea específica. Eso me deja tranquilo. Testigos de mi constante entrega son los miembros del cuerpo técnico, los directivos, los jugadores para quienes en últimas iban dirigidas mi capacidad, mi entrega y mis conocimientos.

“Trabajo sin ruidos de ninguna especie, me gusta hacerlo. Lo pueden confirmar la Federación de Ciclismo del Táchira, en Venezuela; algunos grandes del ciclismo colombiano, los patinadores venezolanos, Orlando Cortínez, entrenador de la Selección Venezolana de Patinaje, en fin, los que me conocen saben que, como dice Silvio Rodríguez, “no necesito lucecitas montadas para escena.

“En mi interior hay plena tranquilidad, porque mal podría estar de acuerdo en conductas que desdibujan al ser humano. Conductas que convocan el irrespeto en vez del respeto; la intolerancia en vez de la comprensión, la arrogancia del pavo contra la humildad del yunque. Eso no lo puedo compartir. Varias veces lo expresé, varias veces lo convoqué a la tranquilidad, a la razón, a la tolerancia.”

Cuesta un poco digerir que con tantos años de amistad y de trabajo juntos, usted no haya logrado permear a don Jorge Luis con sus consejos, en lo que usted es experto...

Es que es muy difícil cuando la cosa se convierte en diálogo de sordos. Trato de ser cultor de la palabra dicha por el otro o por mí porque es la expresión de la razón; lo que nos diferencia de los animales. Pero cuando ese diálogo se torna solitario, cuando la capacidad de razonamiento se obnubila y solo se concibe como verdad lo que uno cree, definitivamente el silencio se vuelve la mejor razón para protestar.

“Creo que agoté todas las instancias de mi paciencia, palabra esta que acuñé al interior del cuerpo técnico. Les pedí a todos paciencia: a los jugadores, a todos, paciencia estoica como única forma de sobrevivir y sacar el proyecto adelante.

“No soporto la arrogancia, ni el irrespeto, ni el dogmatismo que es propio de aquellos que tienen un mar de conocimientos con un centímetro de profundidad, o de los que, como el fascismo encarnado en Hitler, solo permiten una verdad: la suya”.

Pero evidentemente esta situación de crisis no se decantó en el Mundial. El mismo Pinto afirma que estaba durmiendo con el enemigo. ¿Cómo no anticiparon que se iba a venir algo así?

“En enero me reuní con los de la Federación y se los dije: 'Prepárense para un desmadre'. Pienso que las cosas empezaron a cambiar más drásticamente a medida que nos acercábamos al final de la eliminatoria. Ahí empezó a aparecer otro Pinto.

En enero faltaban seis meses para el Mundial. Si todo era tan caótico, ¿por qué no reaccionaron en su momento?

En realidad era una decisión de un calibre muy alto. Lo que se decidió fue extremar la contención debido a los comportamientos de él con el grupo. En su debido momento le manifesté, digámoslo así, a cada afectado, colocar una línea donde el respeto fuera la primera regla del juego. A algunos, como al médico, verdadera víctima diaria de críticas, ironías, gracejos de mal gusto, lo conminé a que le pegara un plantón, como decimos en Colombia. Le dije: “Oye Alejandro (Ramírez), ¡no te dejes joder! Él es un licenciado en educación física y tú un médico, con el perdón de los licenciados en educación física, que son profesionales en su campo y la mayoría caballerosos y respetuosos. Pinto lo descalificaba, opinaba de todo. Otra que vivió un infierno cada mañana, mediodía y noche fue la nutricionista, doña Ligia Chávez. Esa pobre sufrió como casi nadie porque Pinto le rebatía a todas horas los menúes que había elegido, qué cómo se le ocurría darles tal o cual cosa... aquello era demencial, pobre mujer.

Pero no se entiende muy bien cómo se llegó a ese punto. Si eso fue así, terminaron todos como metidos en una pesadilla de la que no se pudieron salir. ¿Por qué pagaron el precio de no salirse a tiempo?

La pregunta es seria, hablo por mí. Yo estaba dedicado a mi docencia y a los patinadores de Venezuela cuando se dio lo de Costa Rica. No había oído nada acerca de él en esos meses y pensé que a lo mejor la edad... cuando uno pasa de los 60 se vuelve aplomado, tranquilo, sereno, como menos urgente, para decirlo de alguna manera. En los primeros meses ya con él aquí, con la Sele, todo fue normal. Había actitudes como las de siempre, pero estaba dentro de lo presupuestado por lo que yo sabía de él. Incluso compartíamos mucho tiempo. Durante la eliminatoria, empezamos a tener pequeñas dificultades. Una fue por una reunión para resolver un pequeño problema entre dos jugadores y otra por los premios en el partido frente a El Salvador, aquel 1 a 0.

Digamos que ahí se fueron encendiendo las alarmas. Sí hay que decir que frente a Chope había un recelo permanente. Uno no puede emitir un único concepto sobre alguien hasta no tener elementos de juicio suficientes y, a medida que transcurría el tiempo, Chope me iba pareciendo cada vez más íntegro, tranquilo, un hombre sin afanes que ya se había cubierto de gloria y no la necesitaba. Me fui haciendo poco a poco amigo de él. No fue fácil, ellos lo pueden corroborar, por los celos de Jorge Luis.”

¿Hubo algo grave, antes de irse para Brasil, que a usted lo hiciera pensar que de verdad aquello iba a ser un desastre, hasta en lo futbolístico?

En lo futbolístico jamás, porque empecé a inculcar en los muchachos la vocación de mar, y no de islas. Es un equipo de titanes, son gladiadores. Ni empeñándose uno habría podido contra ellos, ellos son los héroes. Pero claro que ya habían pasado cosas muy graves. Antes de ir al juego en San Pedro Sula (Honduras), se le metió que nos fuéramos a jugar allá a Guápiles, en una cancha cerca de un cultivo de piña, según él para lidiar con el calor parecido a Sula, pero eran condiciones muy incómodas. Los jugadores estuvieron molestos, es decir, ya estaban indispuestos con varias situaciones y entonces se dio una cosa muy seria con Navas, que lo paró en seco, algo que los demás querían hacer desde hace tiempo pero no se atrevían.

Ese es el run-run del que se ha hablado, que Pinto se les metía a las habitaciones.

¡Claro! Fue un sábado en la mañana. Pinto entró como hacía siempre, ¡sin tocar la puerta! ¡Nada! A Keylor eso no le gustó y se armó el despelote. Tuvo que intervenir Álvaro Saborío, quien calmó la cosa. Entonces, los jugadores aprovecharon para hacer una lista de cuatro peticiones, porque estaban hartos. Nos tocó a todo el cuerpo técnico reunirnos con los jugadores y calmar la cosa. Luego, con la dirección de Adrián Gutiérrez, sacamos adelante el proyecto, una vez más, totalmente reventados por la doble jornada. Para Pinto el trabajo es dolor, sudor, sufrimiento; no es placer, no entiende que el fútbol también es para divertirse. Había muchas molestias. Desconfiaba de los muchachos y si alguno estaba lesionado, no hallaba como decirle, porque los ponía en tela de duda.

¿Cuáles fueron las cuatro peticiones?

Eso prefiero revelarlo después. Sí había, por ejemplo, una petitoria de que respetara sus horas libres en el proyecto Gol, porque inventaban los muchachos un torneo de tenis y él se metía y terminaba poniendo las reglas. ¿Que iban a jugar golf?, lo mismo, y así en todo.

¿Y se las concedió?

Más o menos. Ese día estuvo muy “ahuevado”, se sentó a comer solo y le dije a Marín que me daba pena, que fuéramos a comer con él y le ofrecí ayuda para facilitar las peticiones de los muchachos. Me mandó para el carajo y yo lo hijueputié también. No se podía con él.

El tema de las cargas de trabajo es de lo que más se ha hablado. Entiendo que hubo un incidente muy serio, ya en Brasil, con ese tema.

A eso no me voy a referir... ahora. A ese incidente no, pero ya hablaré. Lo de las cargas se volvió serio desde antes de irnos. Incluso, Bryan Ruiz tuvo un problema gravísimo con Pinto, una discusión muy fuerte. Le dijo que ya estaba harto y se exasperó de una forma que hasta le preguntó a Pinto qué quería, si pasearse en su matrimonio o qué. A esos extremos llegaron muchachos como Bryan, que se ha ganado el respeto de todo el mundo dentro y fuera de la cancha por su educación y su valentía. A eso llegamos, imagínese.

No me puedo imaginar cómo fue entonces que sobrevivieron al Mundial en medio de ese escenario que ahora se ve tan dantesco, en retrospectiva, según lo que está trascendiendo.

Por los muchachos. ¡Pero, qué va!, era una pura zozobra, una pura angustia. A mí me da pena con gente como Adrián Gutiérrez. Ese hombre no disfrutó el Mundial. Todo el tiempo había que estar atajando problemas, broncas, incidentes. Ya al final terminábamos por hacer catarsis banalizando el asunto. Ya en las mañanas o en las noches bromeábamos con “¿Y hoy qué, cuál fue la bronca, quién se sacó la rifa?” Y nos reíamos, pero a menudo había gente que se sacaba la rifa. Uno de tantos ejemplos es Gina Escobar, de prensa. Un día le pegó una gran regañada porque los vídeos no eran en 4D. Ella le dijo que eso era lo que había. Ahí estaba Pablo Aguabella y también habló pestes del trabajo de Pablo, que estaba haciendo un documental con nosotros durante toda la gira. Ellos se quejaron y en represalia Pinto echó a Pablo del camerino en el juego contra Holanda.

¿Qué rescata del trabajo de Pinto en todo este proceso?

Él tiene su mérito, ya le dije, de la cancha para adentro. Lo otro no solo lo tengo que decir yo. Ya los otros involucrados también están dando sus versiones. Vea los videos. Vea el video que le hizo Jorge Corredor, en Cadena Caracol. ¿Quién con Pinto a celebrar? ¡Es elocuente! Imagínese que venían los muchachos todos felices en el avión, al regreso, viendo aquello lindísimo, lleno de espejitos. El Valle Central parecía un árbol gigantesco de Navidad. En eso nos dictan de protocolo que el señor director técnico bajaría solo la escalinata en el momento en que aterrizáramos. Todos nos cruzamos miradas y ya sin hablarnos, nos entendimos. Entonces, Chope y Erick Sánchez, el preparador físico, bajaron detrás de él. Es que esa grandilocuencia es la que lo mata. Seguro quería sentirse como el poderoso Julio César entrando a Roma, no precisamente como Jesucristo entrando en burro a Jerusalén.

¿Considera que fue un error de Pinto traer a colación todo esto, haber hablado?

Solo le digo que vea lo que está publicando la prensa mundial, en especial, la prensa colombiana. Hay un artículo de la revista Semana. Ahí están las anécdotas de lo que les hacía a los jugadores y un análisis de lo que pasó aquí, su relación con los jugadores, su visión de la disciplina. ”Es un artículo demoledor”.