Así como José agradece el apoyo del meta manudo, Patrick aprende de su fuerza

Por: Daniel Jiménez 29 mayo, 2015

Escazú. José admira los paradones y glorias deportivas de Pemberton. Patrick aprende de su fortaleza para no dejar que las pruebas de la vida lo detengan.

Es una amistad que el fútbol creó y la religión consolidó.

Patrick ganó un hermano menor y José adquirió una mano amiga, que es el bastión para continuar su lucha contra las dificultades que le ha puesto la mielitis que padece.

Hace cinco años, el seguidor de Alajuelense sufre de esa enfermedad, pero con el apoyo y amistad de Pemberton, las cosas han cambiado para bien.

“En el 2010 estuve un mes internado en el Hospital San Juan de Dios y luego asistí a rehabilitación al Centro Nacional de Rehabilitación (Cenare), y en ese momento, un psicólogo me dijo que nunca más volvería a caminar. Ahí lloré mucho y se me vino el mundo abajo”, comentó José, quien es conocido como Capi de Dios, pues fue capitán de algunos equipos de liga menor.

Las terapias no fueron nada fáciles, pero Aguilar no se rindió. “Al inicio consistía en arrastrarme en una cama, pero yo me imaginaba corriendo en un futuro, por lo que pensé que era posible. Yo tenía que orinar por medio de una manguera. Cuando me enviaron a casa, con costos podía sentarme. Pero ahora, cinco años después, estoy intentando caminar con muletas para poder continuar con mis sueños”.

El lema de Aguilar es que solo levantarse es ya motivo para seguir luchando, de manera que no hay que rendirse en la conquista de las metas.

Con ese pensamiento, fue que entró en la vida de Patrick, el portero figura de la Liga, quien también se ha visto fortalecido por la fuerza de voluntad de José.

El seguidor José Aguilar departió junto con Patrick Pemberton y el hijo del arquero, Ian, el pasado martes en Multiplaza Escazú. Al encuentro también asistió la esposa del futbolista, Gabriela Soto. | PATRICIO ALTAMIRANO
El seguidor José Aguilar departió junto con Patrick Pemberton y el hijo del arquero, Ian, el pasado martes en Multiplaza Escazú. Al encuentro también asistió la esposa del futbolista, Gabriela Soto. | PATRICIO ALTAMIRANO

Pemberton es uno de los capitanes rojinegros y ha hecho con él una sincera amistad, que lleva cuatro años. Se conocieron en las instalaciones del Morera Soto.

Pemberton se ha visto beneficiado en lo emocional y espiritual, pues el Capi de Dios le brinda mensajes de motivación en momentos complicados vividos por el arquero.

“Los pilares en mi carrera son Dios, mi esposa Gabriela, mi hijo Ian y las personas que siempre están cerca de mí, como José”, afirmó Pemberton en un encuentro entre ambos, el pasado martes en Multiplaza Escazú.

Pemberton demostró su aprecio hacia el seguidor manudo cuando, en el juego de vuelta de la final ante Herediano, se fundió con él en un gran abrazo en la anotación de Johan Venegas. Para ese entonces, el juego estaba 1-2 a favor de los visitantes.

Cuando cayó el tanto, Pemberton se dirigió hacia atrás de su portería sin que nadie se percatara, para protagonizar un emotivo momento en el Rosabal Cordero.

“Yo le decía: ‘Vamos, vamos’; levanté las manos y lo abracé”, agregó Aguilar.

El guardameta comentó que en ese momento de euforia, siempre tuvo presente que uno de sus hinchas más cercanos se encontraba detrás de su marco.

“Siempre hemos querido celebrar un gol juntos, pero en Alajuela nos queda muy lejos. Por eso, me acordé y lo fui a buscar”, relató el guardavallas.

Sin duda, esa celebración fue un fiel reflejo de que, en ocasiones, el fútbol es algo más que un deporte y se convierte en un puente de amistad.