12 enero, 2015

Así jugábamos los chiquillos de mi tiempo, ese tiempo que me robaron, y avizoro como una comarca remota, casi legendaria: ¿habrá siquiera existido, o la soñé? “¡Todos contra todos!” Ya no había “buenos” ni “malos”, “ladrones” ni “policías”, “indios” ni “soldados”: una especie de Armagedón infantil, de batiburrillo deliciosamente caótico. Pero era lúdico, bello, nos divertíamos, y nadie le hacía daño a nadie. Oficiábamos una guerra simbólica, “de mentirillas”, precisamente para que nunca llegase a ser real.

Saprissa y Heredia se trenzan ahora en un “¡todos contra todos!” que no tiene ni la inocencia ni el efecto catártico de nuestros juegos inmemoriales. Una cosa es ser como un niño -bello, franco, capaz de decir: “el Emperador va desnudo” cuando tal cosa procede- y otra ser pueril, infantil, emocionalmente rezagado, carente de auto-control. El grotesco sainete que técnicos y directivos están escenificando no alcanza siquiera el folclórico encanto de un pleito “de quinto patio”. Don Ramón y Doña Florinda tenían su gracia… ellos no.

¡Y después le piden a las barras mesura, prudencia, respeto! Señores: ese respeto no se dicta, no se impone por decreto. Solo hay una manera de transmitirlo: el modelaje, el ejemplo. La prédica, en este caso, debe ser formulada mediante los actos, propuestos para la emulación. ¡Ustedes también son, a su manera, formadores!

Anti-pedagogos, anti-modelos: eso han sido. De su conducta se desprende el mensaje: “No sea como nosotros” -y por el bien de nuestro fútbol, es así como espero que las aficiones lo interpreten-. Insultos barriobajeros, afrentas al honor, bofetadas verbales. ¿Será todo esto una concertada, ensayada comedia, para captar espacio mediático? Es lo que asumo: de lo contrario tendría que concluir que se trata de una instigación a la violencia multitudinaria, esa que opera como la fisión del átomo de uranio 235: locura contagiosa e incoercible.

¡Y ahora hasta firman un acuerdo de paz! ¡Cielo santo! ¿No quieren convocar a Óscar Arias, Menchú, Walesa y el organismo Amnistía Internacional como mediadores de su pleito de corral? ¡Manga de burócratas pomposos y maleducados: vuelvan mejor a la escuelita de la Niña Pochita, y aprendan los rudimentos de la caballerosidad!