Por: Eduardo Baldares 16 febrero, 2016

Va manejando, parece tranquilo. De pronto, cambia. Desde media cuadra divisa a un automóvil haciendo el alto, con intención de avanzar, y es entonces que, súbitamente enojado, pisa a fondo el acelerador a fin de evitar que el otro pase. Se enerva cuando aquel hace ademán de arranque, pero se place cuando lo obliga a frenar con un estridente pitazo. Tiene una sonrisa rara, parecida a la mueca sangrienta del luchador que acaba de triturarle las costillas a su rival en artes marciales mixtas.

Ahora, él lleva los ojos rojos y muy abiertos, casi fuera de las cuencas, con las pupilas tan disminuidas que parecen puntitos; respira rápido, jadea con el pecho inflamado, cual sapo; va encorvado sobre el volante... y de pronto le toca hacer un alto. Como nadie le da campo, los injuria a todos. Desesperado, ve la fila de carros como un tren infinito, le parecen siglos los segundos que lleva allí, y no lleva ni un minuto quieto cuando pierde los estribos por completo, insulta a todo pulmón a quienes no lo dejan pasar y, mientras blasfema, no percibe que la señora que maneja detrás del bus se detuvo para cederle lugar, pero que, cansada de esperarlo, y presionada por el claxon del siguiente en la fila, avanza y se le pone de frente; entonces, él le grita, la amenaza, le aproxima imprudentemente el carro, le pita y le espeta al niño que va atrás “¿qué me ves, mocoso hijue... ?”.

Después de nueve altos iguales, con las pulsaciones a mil y ardiendo de cólera, por fin llega a las afueras del estadio; un “guachi” con cara de crimen le cobra ¢10.000 por estacionar en la calle, discute, pero los paga (de mala gana, más como un seguro contra robo que por el supuesto cuido), entra, su equipo ya va perdiendo, se sienta y de inmediato se levanta, como con resortes en las nalgas, para gritarle “ladrón” al árbitro, “perras” a los jugadores rivales, “vagabundos” a los propios e insulta vía Facebook a los periodistas de la radio que está escuchando.

En su casa, la esposa y los chiquitos rezan para que el equipo remonte, no porque vayan con él, sino por lo que les espera si pierde...

Si usted actúa así, no maneje ni vaya al estadio, sálgase de las redes (anti) sociales, procure no tener pareja ni reproducirse sin antes buscar ayuda... ¡Y a Dios!

Etiquetado como: