Por: Jacques Sagot 20 julio, 2015

No por lo que atañe al artículo simétrico de mi compañero columnista Danilo Jiménez. Ese es el sentir de un caballero perfectamente respetuoso de tu integridad psíquica y humana. Pero sí son personales –no te quepa la menor duda, amigo– los eructos, escupitajos, sandeces y proyectiles verbales que te espeta tu encanallado país. Nada justifica esa inmundicia. Sería reprensible aun cuando hubiésemos perdido todo por 6-0.

Claro que es personal, ya lo creo que sí. Misiles llenos de maldad, dirigidos al sanctasanctórum de tu persona, a esas fibras que nadie debería manosear impunemente. Cuando una justa se degrada verbalmente de esta manera, cuando los blitzkriegs de infamias, el ensañamiento ad hominem se desatan de manera tan chusca, bajuna, cruel y despreciable, el sentido del juego cambia para mí radicalmente. Ya no es una pinche copa de oro o de plástico lo que genera mi interés, sino el triste espectáculo del envilecimiento humano. La agresividad pasiva del tico. Su “tradición de paz” que se troca en ferocidad, en el arma blanca de la chota, en racismo, en aluviones de ofensas…

¡Todos contra uno! ¡Adelante, los cobardes, esperen su turno para golpear, amparados al vil instinto de la piara! ¡Aguarde en fila, y pruebe su suerte escupiendo en el rostro a Chope: quien acierte entre los dos ojos, recibirá una banderita tricolor con la leyenda: “blanca y pura descansa la paz”! La cara de Gorgona de nuestro subterráneo racismo genera chistes oprobiosos, salivazos al honor, a la dignidad, a cuanto es sagrado.

A fin de cuentas, todo se reduce a esto: un buen hombre, profesional serio, sobradamente acreditado, ensaya su suerte con sus mejores elementos de juicio, para regalarnos una satisfacción. Quizás fracasa. ¿Amerita eso un linchamiento? ¿Ensuciarnos la boca con denuestos racistas y obscenidades que nos envían al lugar 500 en el universal ranquin del respeto y la decencia? Lo digo desde el fondo del alma: hace ya días que esta copa dejó de interesarme. Toda justa conlleva una especie de torneo paralelo y correlativo: la forma en que el espectador digiere la victoria o la derrota. Hemos reprobado esa prueba de manera vergonzosa. No hay copa que valga lo que la dignidad de un ser humano. Costa Rica y su paz de mentirillas… pssst.