Los morados golearon 3-0 a los florenses el estadio Ricardo Saprissa.

Por: Davis Castillo, Kenneth Hernández Cerdas 13 diciembre, 2015
Los morados felicitan a Marvin Angulo por la tercera anotación ante el asombro de Leonel Moreira, portero florense, para quien la bola nunca traspasó la línea de gol. | ALONSO TENORIO
Los morados felicitan a Marvin Angulo por la tercera anotación ante el asombro de Leonel Moreira, portero florense, para quien la bola nunca traspasó la línea de gol. | ALONSO TENORIO

Saprissa hizo de su campo un pozo petrolero y sacó un resultado provechoso que lo tiene en la frontera que lleva a la final del Torneo de Invierno.

Los morados recetaron un golpe con la fuerza de un nocaut tras apalear a un irreconocible Herediano que quedó al filo del abismo y expuesto a una verdadera hombrada el jueves en el Rosabal Cordero.

La S ganó un duelo de alto voltaje, con sangre derramada en el campo, con un tercer gol cargado de polémica y en general resuelto con merecimiento por parte de los hombres de casa.

Los saprissistas anularon a su oponente, lo dominaron de principio a fin y rubricaron en la red la hegemonía mostrada a lo largo del partido jugado en Tibás.

El Team anduvo muy lejos de aquel equipo fuerte, corajudo y regular que en otrora silenció el Ricardo Saprissa. Este domingo fue una oncena desconocida, fragmentada, sin argumentos ofensivos e incapaz de armar juego y meter en apuros a Danny Carvajal.

De todo lo anterior se aprovechó el Monstruo, ocupado por quitarle todas las municiones a su rival, enfocado en que Leonel Moreira anduviera a los revolcones por el balón y, sobre todo, dispuesto a ganar el primer round.

Gran responsabilidad del triunfo saprissista recayó en la chispa que aportó Marvin Angulo, por mucho, el mejor del juego, la picardía de Daniel Colindres y el equilibrio de David Guzmán en la zona de recuperación. Sin desmeritar el trabajo defensivo capitaneado por Adolfo Machado.

Colindres marcó el primer gol tras lanzar un misil que incendió la escuadra izquierda de Moreira, una diana de colección que sacudió el cemento de la Cueva.

En tanto, Ángulo con un tiro libre de alta factura y un remate por bajo que el línea avaló como gol, agrandó su traje de figura.

El volante jugó y corrió a sus anchas sin que nadie le aplicara el freno. Trabajó como el jefe de máquinas ideal que nunca tuvo su oponente de turno.

Movido y caliente. El choque grabó momentos que no pasaron inadvertidos. Uno de ellos el codazo en el minuto 19 que le propinó Andrés Imperiale a Esteban Granados y que terminó por sacar del césped al candado rojiamarillo.
También las constantes faltas canjeadas por nueva tarjetas amarillas y el tercer dardo saprissista en el que los heredianos reclamaron que el balón nunca traspasó la línea de fondo.

Más allá de esa tercera anotación, el marcador se quedó corto. El tanteador registró solo tres pero pudieron ser más.

Los hombres de Carlos Watson mantuvieron unidas sus líneas, se adueñaron del balón, del partido, de los goles y de un primer asalto que parece lapidario.

El campeón quedó herido en la lona, con la rodilla clavada y el cinturón maltrecho. Y sobre todo obligado a levantarse de un fuerte revés propinado por un retador que visitará su casa con la guardia más arriba que nunca.

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