Por: Jacques Sagot 28 mayo

Saprissa es un equipo “invernal”. Gana en diciembre, de inmediato es saqueado y desmantelado, le toma seis meses volver a armarse, y con algo de suerte vuelve a ganar en el siguiente invierno. El equipo se ha quedado sin defensa.

Opinión: Keylor y el supremacismo hispánico
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Waston, Miller, Machado, Calvo… Nunca pudo, don Carlos Watson, tapar los boquetes de estos cuatro torpedos bajo la línea de flotación. Heiner Mora pasó por todos los puestos de la línea de fondo… no funcionó. Dave Myrie -un lateral- fue improvisado como central… no funcionó. Jaikel Medina -volante de contención- fue trasplantado a la línea de cuatro… no funcionó. Añadamos a esto que el portero Carvajal siempre anduvo flojo, y no aportó el “pegalotodo” que la retaguardia necesitaba de manera desesperada. En una mirada retrospectiva y panorámica, la verdad es que el último gran portero que tuvo Saprissa fue el legendario Marco Rojas: un arquero de calando realmente hondo. Desde entonces ha tenido uno que otro porterito de farándula, figurita de jet set folclórico, pero no auténticos titanes. Juan Carlos Rojas nos asegura que el departamento de porteros está bien cubierto. Si el mejor de esta cantera es Briceño, estamos en problemas. Adelante, Ronchetti es un tronco, un leño, un delantero mediocre (¡cinco miserables golcillos en esta temporada!) Leite es pésimo: lo mejor que hizo este año fue lesionarse. La magnífica función de David Guzmán, volante mixto capaz de recuperar balones, pero también de anotarle a Pemberton un zambombazo de 25 metros, no ha sido llenada por nadie. Don Carlos jamás logró “repellar” la defensa: Saprissa tragó goles como una ballena tragaría cardumen cada vez que abre la bocaza: 4-0 con Cartago, 4-0 con Pachuca, 3-1 con la Liga, 5-1 con Limón, 2-1 con Santos, 3-0 y 2-0 con Heredia… Los saprissistas no merecemos esta humillación. Myrie fue un festival de errores y pifias… no, no, no. Si persisto en creer en Saprissa, ello es por Carlos Watson, formidable estratega, bello ser humano, y notable formador de talentos. Por lo demás, me desconcierta el “criterio” con que el equipo se deshace de piezas valiosas y adquiere tucas de aserradero. Ahora se van Segura y Arauz, gladiadores de casta… No entiendo a la gerencia deportiva, simplemente no la entiendo.