La propuesta morada fue clara, con el plan de controlar la pelota y de ganar a toda costa

Por: Roberto García H. 10 noviembre, 2014

Sobre el perímetro de la raya blanca, el timonel de la corbata oscura levantó las manos y, de inmediato, buscó el efusivo abrazo con sus asistentes.

A pocos metros de ahí, en su reducto de la zona técnica, el estratega de las mangas arrolladas pareció meditar brevemente, antes de levantarse a topar a sus hombres en el epílogo, a quienes procuró reanimar, uno por uno.

Casi una vuelta después de su debut con derrota (0 a 2) en San Juan de Tibás, Jeaustin Campos, director técnico del Deportivo Saprissa, revertió esa suerte con cifras idénticas (0 a 2), pero a favor.

Además, al ganar esta edición del clásico en la Joya de La Sabana, Campos impuso al pie de la letra su propuesta con tintes de proyección ofensiva, contra el guión conservador de Óscar Ramírez, su colega de Alajuelense.

Precisamente, en la fidelidad de las piezas moradas con los trazos del pizarrón radicó una victoria que, sin duda, les motiva a perseguir al aún líder Alajuelense, además del envión anímico que, por definición, otorga el dios del clásico al que impone su ley.

Atrás quedó el pegador. Con la jerarquía de David Guzmán –otrora gladiador, hoy artífice–, el visionario de los pases medidos manipuló correctamente los hilos en el sector de las ideas.

Ahí es donde germina el buen fútbol. Es el juego de sociedad. Es la metodología del toma y dame.

Esa mano... Tras una falta innecesaria que le provocó su primera tarjeta amarilla, al 33’, Kevin Sancho se ofuscó cinco minutos más tarde (38’), al tocar el balón con la intención de obstruir. Segunda amarilla y, claro, ¡roja!

Con su mano en la barbilla, al final del primer lapso, Óscar Ramírez era un signo externo de preocupación. ¿Qué hacer? ¿Reprender a Sancho, o replantear su esquema? Lo segundo, ¿verdad?

Con una pieza más, el ajedrez de Jeaustin apostó por vigorizar la línea de fuego. David Ramírez relevó a Deyver Vega y, pronto, al 59’, táctica fija, chispazo y red.

Heiner Mora fue el gestor. Obligó a un tiro de esquina. Cobró Diego Estrada y Adolfo Machado anotó de cabeza.

Lo que siguió hasta el último silbato fue la reacción lógica del anfitrión herido que se abalanza y busca, ¡con todo!, el marco de su rival. Ahí emergió Kevin Briceño con un tapadón ante un disparo a quemarropa (de cabeza) de Ariel Soto. Sin duda, la espectacular acción dio confianza al joven guardameta saprissista, tan criticado últimamente.

Luego de un craso error de Robinson quien, por poco, obsequia el empate, Saprissa retomó el control. Tejido entre Ramírez y Bustos, pase a Ariel Rodríguez, dardo medido y golazo, al 90’.

¡Una victoria al pie de la letra!

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