Liga no aprovechó la roja a Colindres y salió con una herida abierta de la Cueva

Por: Kenneth Meléndez 6 febrero
En un pique camino al área, Rolando Blackburn casi firma un tercer gol para Saprissa. Michael Umaña intentó cerrarle el camino. Atrás observa José Salvatierra. | JOHN DURÁN
En un pique camino al área, Rolando Blackburn casi firma un tercer gol para Saprissa. Michael Umaña intentó cerrarle el camino. Atrás observa José Salvatierra. | JOHN DURÁN

Saprissa fue un león ante una Liga cada día menos cachorra y con más canas.

Con lo más parecido a su once de gala, el equipo de Benito Floro fue incapaz de aniquilar a un contrincante que se resistió a ser presa en su feudo.

La S arrodilló a Alajuelense con méritos, jugó inteligente, no vistoso pero sí efectivo y aplicó la garra –tan habitual de su oponente– para sacar un resultado que suele causar retortijones al perdedor, aunque Floro asegure que el clásico era un partido más del calendario.

Quizás la Liga lo vio así y por ende lo jugó igual, sin aquella voracidad que suelen llevar los rojinegros en su maletín cuando pisan campo tibaseño.

Habitualmente acostumbrados a que el Ricardo Saprissa no les inmute, los rojinegros fallaron en su intento de dar un golpe certero a favor de su proceso.

Su acérrimo rival no solo le ganó el partido sino que lo metió en más apuros en un Verano donde el sol no les calienta.

Los goles y la roja. El primer acto dejó en la retina situaciones típicas de un clásico, el equipo local cargando la obligación de someter a su rival, y este, interpretando la propuesta oponente con tal de maximizar cualquier error.

El gol de Daniel Colindres, en el minuto 3, reflejó que la S se volcó rápido al frente para tirar el juego de su lado.

Saprissa con lo que no contaba era que Colindres se pegaría un tiro en el pie con la amarilla por celebrar el gol y quedaría tan al filo del barranco que con lo mínimo acabaría expulsado. Así le pasó en el 42’.

El tanto también dejó claro que una herida tan tempranera tocaría el ego liguista y que la respuesta no tardaría mucho.

Ya en el minuto 12 el juego estaba equiparado con el frentazo de Kenner Gutiérrez y el duelo empezó de nuevo.

Los morados vieron en el carril izquierdo liguista (el de Cristopher Meneses) la vía más frágil para dañar a su rival.

La mayor parte de los ataques los generó desde ahí, entre ellos el tanto que quebró el cero y una sucesión de centros lanzados por Marvin Angulo y Ronchetti, inquietos por el costado vulnerable de los visitantes.

En teoría, con el hombre de más, el partido pasaría a manos liguistas en el complemento.

Sin embargo, del papel a la práctica hubo una gran brecha.

El equipo morado reacomodó piezas y jugó de tal forma que disimuló el faltante. En el 57’, se puso en ventaja, otra vez, y acabó con la victoria de su lado.

Angulo lanzó un centro al corazón del área y entre la vocación de Julio Cascante, por anotar, y de Michael Umaña, por defender, la pelota quedó en la red rojinegra por segunda ocasión.

Los ingresos de Nino Rojas e Iago Soares no significaron mayor cambio e incluso fueron los locales los que estuvieron más cerca de un tercer gol, pero Rolando Blackburn perdonó.

En Tibás, el León fue Saprissa... con un hombre menos.