Por: Danilo Jiménez 2 octubre, 2015

¿Quién manda en el camerino del Saprissa? Los egos desbocados de los jóvenes sin gloria. El liderazgo está en crisis y ausente, al punto de que un viejo líder como Erick Lonis aún tiene la capacidad de estremecer.

El excancerbero disparó munición gruesa contra varios objetivos: la dirigencia, por su actitud tibia, David Ramírez y Deyver Vega. Una semana después no pasó nada, excepto un remedo de respuesta de Christian Bolaños este miércoles, que supo a nada.

Por historia, Saprissa siempre tuvo voces autorizadas en su camerino. Eran las mismas de la Sele porque las columnas vertebrales moradas pasaban íntegras a la Tricolor . Eso viene desde la irrupción del equipo en Primera, en 1949, con Catato Cordero.

Lonis es de los penúltimos líderes, heredero de una tradición que cimentaron primero los crack de los 50 como Catato y Alex Sánchez, Edgar Marín y Fernando Hernández en los 60 y 70; Marco Antonio Rojas, en los 80; y Medford, en los 90.

Después le tocó a él y no la tuvo fácil. Venía de un origen humilde: Turrialba FC, fue uno más en Cartaginés, empezó a descollar en el Carmelita de Carlos Watson y reventó en Saprissa.

Lo historia dará la medida exacta de su nivel como guardameta, pero él se preparó en serio para ser el número uno, dejarse el arco del Saprissa y de la Selección. Cuentan que lo primero que hizo fue ir a leer lo que estaba escrito sobre historia del club.

Después se fue a hablar con viejos referentes y por último se la complicó al preparador de porteros, con rutinas de entrenamientos que él mismo diseccionaba de libros que mandaba a comprar al extranjero. Puedo dar fe de que acostumbraba pedirnos, a los periodistas deportivos de la época, recortes de figuras o técnicas de entrenamientos de guardametas de aquel momento, para estar al tanto y mejorar su preparación.

No se guardaba nada, daba la cara, se peleaba para que le abrieran un espacio y dar su opinión. Estudió, se documentó, se entrenó como ninguno y dejó una hoja de vida a la que sus rodillas lesionadas le pusieron fecha de retiro.

Ahora regresa espoleado por su saprissismo genético, molesto por los vaivenes de una juventud que largó un grito de campeón con Ronald González y Jeaustin Campos y cree que ya lo consiguió todo.

Criticó a su estilo: con dureza, argumentos y nombres. La respuesta fue como la sangre de los objetivos de sus observaciones, tibia y sin impacto. Saprissa es un hervidero y nadie se atreve a tomar la posta del liderazgo. Por antecedentes, por historia, se requiere de un caudillo. No puede ser que las verdades las cante un hombre que lleva 13 años en el retiro.