Una estoica Liga salió con vida de la Cueva y disputará el título con Herediano

Por: Johan Umaña V. 14 mayo, 2015
Daniel Colindres cae en su intento de amenazar la portería manuda, ante la marca de Kenner Gutiérrez y Diego Calvo. Observa Mynor Escoe (izquierda). | LUIS NAVARRO
Daniel Colindres cae en su intento de amenazar la portería manuda, ante la marca de Kenner Gutiérrez y Diego Calvo. Observa Mynor Escoe (izquierda). | LUIS NAVARRO

Alajuelense aguantó el empuje de la Cueva y el embate de un campeón que se despidió con las espuelas puestas y todas las armas sobre la mesa. Eliminó a Saprissa y se repartirá, contra el Herediano, el título del Verano y el segundo boleto del país para la Concachampions .

Así acabó, con un insuficiente 1-0 (global erizo de 2-1), el intento de dinastía morada: con todos sus atacantes en la cancha y su alma en la grada, representada por una orgullosa afición que despidió con palmas al equipo bicampeón de Jeaustin Campos.

El golazo de Deyver Vega, ante la complicidad y humillación de Porfirio López y Johnny Acosta, apenas capitalizó el volumen ofensivo de un local que muchas veces equivocó el camino pero jamás claudicó, no se guardó nada ni dio espacio a reclamo alguno.

Si Vega quiso ser héroe, el León también tuvo quien encarnara su ambición en el incansable pulmón de Luis Miguel Valle, ese hombre que apareció en el cierre del campeonato para revivir el equilibrio y dominio que otrora fueran tan característicos del conjunto de Óscar Ramírez.

Y es Valle la gran clave de que Patrick Pemberton no tuviera que ponerse disfraz de salvador para guardar la ventaja lograda en Alajuela el domingo pasado.

También, porque precisamente equilibrio fue lo que le faltó a Saprissa para volver a ganarle una serie de ida y vuelta al archirrival. Equilibrio que no estuvo en el atascado equipo del Morera ni en la superofensiva alineación de anoche, en Tibás.

Sí, se fue con la frente en alto la S , pero quizá no habría tenido que irse de haber sido capaz de poner más seso y menos empuje en alguno de los dos clásicos de la disputada semifinal.

Lo muestra el hecho de que le tomó casi 40 minutos de la inicial tener su primera oportunidad de probar a Pemberton en un disparo que Jonathan Moya se fabricó casi de la nada.

Fue el gol de Vega, en los primeros minutos de la complementaria, lo que metió en el juego a la Cueva y regaló al observador los escasos minutos de espectáculo que tuvo este clásico.

Entonces fue que Ariel Rodríguez –de buena labor para sustituir con sus bríos las ineficientes individualidades de Mynor Escoe– tuvo su ocasión de asustar a los erizos y otras tantas buenas jugadas se armaron por los costados de la zaga rojinegra.

Y si hablamos en exceso del desempeño morado es por un solo motivo: solo una vez la Liga estuvo cerca de anotar el gol que hubiera dirimido sin sufrir el emparejamiento. Se trató de un contragolpe en el que Jonathan McDonald casi sorprende a Danny Carvajal, minutos antes de que llegara el medio tiempo.

El resto del mérito manudo fue sentenciar la serie en la ida y aguantar en la visita.