Por: Danilo Jiménez 8 mayo, 2015

Una billetera en liza y un “qué malo sos” dedicado al árbitro e impreso clarito en sus labios sin necesidad de apelar al lenguaje de señas, condimentaron el último berrinche de Jeaustin Campos.

Con el primer clásico por la semifinal a las puertas, el tono de su salida pintó un estado emocional alterado en la cabeza visible de un equipo que se juega el tricampeonato ante su histórico rival.

El técnico de traje impecable, porte y señorío, eclipsó su imagen con modales barriobajeros y buscó a Wálter Quesada como pararrayos para descargar su frustración por un equipo que igual arrolla o pierde ante cualquier rival que parece víctima propicia.

Jeaustin debería centrarse en lo suyo: devolverles la coraza de equipo a once voluntades dispersas que Herediano redujo a nada con un par de ajustes tácticos de ese viejo zorro llamado Odir.

Porque bastó que Elías Aguilar dispusiera de libertad para moverse por donde quisiera, con dos laderos rápidos –José Sánchez y José Luis Cordero– y que Azofeifa se la diera al pie, para que Saprissa desapareciera.

Algo está claro: a los morados se les complica la mano cuando tienen que apelar a variantes para llenar hoyos negros en su alineación.

Gabriel Badilla demostró estar muy lejos del nivel que se exige a un caudillo y si la idea era descansar a Deyver, ningún reemplazo tiene su estatura.

Pero Jeaustin es un maestro en eso de montar cortinas de distracción que suelen depararle grandes resultados, como aquella vez de los señalamientos a Jonathan McDonald o con los juegos de palabras antes de un clásico o una final.

Esta vez, la cruzada es contra los árbitros, un cuerpo colegiado que pita mal en todas direcciones, se equivoca en detrimento de cualquiera y carece de criterio de uniformidad, pues lo que hoy es penal, el domingo siguiente no lo es, y quien se va con roja directa una semana, más adelante ni siquiera recibe amarilla por la misma acción.

Detrás del berrinche lo que en realidad se oculta es la frustración por enfrentar a Alajuelense muy lejos del poderío real, con dudas en el corazón de la saga, mucha dependencia de David Guzmán y todas las fichas de gol en las piernas de Deyver.

Alajuelense pinta mejor, sin sobresaltos anímicos, el plantel completo, Ramírez alejado de polémicas y algunos futbolistas con producciones convincentes.

Al paso que lleva el timonel del campeón uno se pregunta: ¿con qué saldrá en el Morera si pierde el primer clásico de la semifinal?