Por: Johan Umaña V. 3 mayo, 2014

Uno puede dar con el nombre de Óscar Ramírez si rastrea los más grandes hitos del fútbol costarricense. Ahora está a 180 minutos de escribir otra gran página: levantar su sexta corona e igualar a Marvin Rodríguez como los entrenadores con más títulos en la Primera División del país.

Como jugador, su más brillante momento –y el de toda una nación futbolera– fue el de la Copa Mundial de Italia 1990. Aquel fino volante que cargaba con el número 10 en la espalda era Machillo.

Un día de estos alguien le recordó lo de “la 10”, en una conferencia de prensa, y él simplemente dijo: “Nadie la pidió”.

En ese tiempo aún era el ídolo de la afición alajuelense. En la Liga era quien movía los hilos de un equipo que conquistó tres campeonatos entre los años 80 y 90.

Su último gran recuerdo con la casaca rojinegra fue en la gran final de la campaña 1991-1992, cuando anotó el gol para derrotar a Saprissa en la final.

Para la campaña 1993-1994 les rompió el corazón a los feligreses manudos y se cambió la camiseta por la del más grande archirrival, la del monstruo morado.

En la S su calidad no disminuyó y contribuyó en gran medida en ese gran equipo que se dejó cuatro campeonatos en seis años.

Su carrera como entrenador inició en el seno del Saprissa. Allí apareció como asistente técnico e hizo mancuerna con el entrenador Hernán Medford para dibujar la página más gloriosa en la historia del club: la del brillante tercer lugar en el Mundial de Clubes del 2005.

Era cuestión de tiempo para que Machillo tomara las riendas de un equipo grande y fue Alajuelense el primero en llamarlo. De él se esperaban grandes cosas, por su experiencia, pero quizá pocos pensaron que llegaría a ser el estratega con más títulos en la institución.

Ahora se le presenta la gran final ante los morados y mantiene en el sombrero la misma mística del conocedor estratega que nunca ha perdido ninguna de las 13 series de ida y vuelta que ha enfrentado.

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