Por: Danilo Jiménez 20 julio

La dirigencia del Cartaginés extiende el sombrero y recoge la dádiva de su afición para salvar el Fello, la casa con doble hipoteca que podría perder en remate este 24 de julio.

A la noble feligresía blanquiazul le corresponde ahora la tarea de intentar salvar el patrimonio que otros comprometieron con su impericia y decisiones insensatas.

El máximo responsable de esta obligación es un exgerente que convenció a los directivos de turno de organizar un fogueo ante Fulham, el 14 de julio de 2013, con un costo de $330.000, en el Estadio Nacional, que terminó en una jarana redonda.

Ahí surgió la segunda hipoteca cuyos pagos se atrasaron y ello colmó la paciencia del empresario que puso el dinero, quien ahora pidió subastar el estadio.

La primera hipoteca no debería existir porque sus gestores dejaron el dinero para que los nuevos directivos la cancelaran; sin embargo, no lo hicieron y, por el contrario, se endeudaron más.

Ese compromiso surgió en la administración de José Luis Rodríguez para hacer frente a una crisis de liquidez porque las cuentas estaban embargadas, por lo cual se pidió un préstamo de $300.000 y puso a responder el Estadio José Rafael Fello Meza.

De ese monto se cancelaron $225.000 y quedó un saldo de $75.000 que se pagaría con los $100.000 que dejó uno de los traspasos del Chiqui al exterior, pero a los directores se les venció el periodo y quedó en manos de sus sucesores a finales del 2012 honrar la obligación, algo que no hicieron y más bien la elevaron a $150.000.

Hoy la campaña Salvemos al Fello tiene a la gente con el corazón dividido pues, por un lado, está a punto de perderse la casa en la que nos juntamos todos los que amamos al Cartaginés, pero, por otro, es indignante perderla por las malas decisiones de otros.

Dan ganas de hacerse el mae y dejar que el destino siga su curso, que los acontecimientos se desarrollen como corresponde y que se pierda lo que se debe perder.

Pero de inmediato revolotean los recuerdos de los domingos de fútbol junto a esos seres queridos que ya no están, quienes nos tomaban de la mano cuando éramos niños y nos convencían con ese “vamos al estadio” irrenunciable.

Y eso pesa más si el que lo decía era tu papá y ya no se encuentra a tu lado o, más recientemente, tu esposa e hijas, todas vestidas de blanquiazul porque Cartaginés no gana títulos, es cierto, pero te mueve el corazón de una manera que solo otro azul lo entiende.

Intenté hacerme el mae y fracasé. Sería como fallarle a mi hermana Odette, ya fallecida, quien armaba grupos entre la “sobrinada” los domingos para ir a apoyar a su “Cartaguito”.

Qué diablos Cartaginés, no te puedo abandonar. Ahorita paso a donar.

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