Por: Roberto García H. 2 junio

Nada como volver con la frente en alto a cualquier sitio del que, por distintas circunstancias, se ha tenido que partir, sobre todo si en la ocasión de tomar distancia, la persona que ha sido protagonista ha dejado una estela de dignidad y respeto, y no ha optado por quemar las naves, como se dice de alguien que, por resentimiento, chorrea tras de sí los brebajes del rencor y la maledicencia.

Recorriendo el dial de programas deportivos, escuché un día de estos varios criterios que se referían a cuentas pendientes de Javier Delgado Prado con Cartaginés y Alajuelense, las dos últimas entidades en las que ocupó el banquillo, con las que perdió sus juegos finales, respectivamente.

Nada más alejado de la verdad. No hay tales cuentas, sino todo lo contrario. Son dichos clubes los que están en deuda con él, por las decisiones erróneas de sus juntas directivas al destituirlo, primero de la institución brumosa, y luego de Alajuelense, víctima del sainete aquel del WhatsApp (horror de horrores).

Si la partida del timonel Jeaustin Campos en busca de mejores horizontes significó un corte abrupto en el proceso que traía este otro hombre trabajador, el regreso del Sheriff al banquillo azul es un feliz acontecimiento. Los brumosos perdieron el valioso concurso de Campos y, como sucede muy poco, lo sustituyeron sin dilación por un excelente profesional. Ojalá que Jeaustin y Javier hayan podido intercambiar impresiones acerca del entorno difícil del Fello Meza, donde los enemigos emergen de cualquier rincón y en momentos inoportunos. ¿Se acuerdan del fiscal?

En ese contexto, lejos de recibir una antorcha de su antecesor, Javier toma la brasa. Pues, a pesar de las buenas intenciones de la actual junta directiva papera, compuesta por jóvenes honestos y capaces, lo cierto es que el navío cartaginés navega en aguas tempestuosas de estrechez económica y otros oleajes, sin perspectivas de concretar soluciones definitivas.

Retorno con dignidad. Javier Delgado es un profesional sensato, con un verbo fluido, claro y directo. Además, sabe polemizar. Eso sí, que lo dejen laborar. A ver si los azules de corazón y los amantes del fútbol y de la ética desenterramos, de una vez por todas, el muñeco de la ignominia.