Por: Danilo Jiménez 24 noviembre, 2016

Cuenta Johnny Chaves que convidó a sus jugadores a una pizza después de que Herediano le endosó 7-0 aquella noche del 24 de setiembre en el Rosabal, durante la segunda vuelta.

El profe cambió el entreno del lunes 26 por una siciliana o suprema con ingredientes a escoger, como una forma de rearmar la moral de un equipo barrido y roto en espíritu.

Según explicó, a partir de ahí encontraron su mejor versión, que ratificó en el Estadio Fello Meza cuando eliminó a un onceno que conoció y padeció como DT: el Cartaginés.

Chaves dijo que aprendieron de aquella paliza ante Herediano, pero en el debut de la cuadrangular, otra vez les pasaron por encima con un 5-0 que confirma su floja campaña invernal –dos empates– ante los grandes.

Johnny es el técnico mejor capacitado del país, con actualizaciones anuales en Holanda a las que asiste religiosamente con el mismo fervor de cuando cruzó el Atlántico por primera vez.

Está al día, sus salidas a la prensa denotan un importante bagaje, tiene recursos motivacionales como esos de la pizza que sorprenden, conmueven y comprometen a sus futbolistas.

En una ocasión nos juntamos a tomar un café para entrevistarlo de cara a un libro acerca del Cartaginés que jamás se publicó, y me mostró orgulloso sus títulos que lo acreditaban como técnico con licencia A, extendida en la tierra de Van Gogh.

Me conmovió que un hombre humilde ahorrara con escrúpulo y se esforzara para aprender en una escuela del primer mundo, más allá de si siempre reparan en él equipos de media tabla para abajo.

Sus campañas en Pérez, la U, Cartaginés y ahora Santos tienen un denominador común: los equipos daban la impresión de estar para algo más, pero siempre flaqueaban a la hora decisiva.

Con los blanquiazules, por ejemplo, eso que le pasó a Jeaustin el pasado 13 de noviembre lo vivió Chaves en el Juan Gobán, cuando un empate le daba el pase a la segunda ronda del torneo, pero perdió y quedó fuera.

El profe tiene esa asignatura pendiente, su prueba de graduación como los exámenes que rinde en Holanda, aunque por lo que demostró ante Herediano, Santos requiere algo más que una invitación a una chicharronada.