Si hay un técnico local que ve el fútbol con los ojos del colombiano es justo quien está en el banco de la Selección.

Por: Amado Hidalgo 21 noviembre

Muchos de los que piden la cabeza de Óscar Ramírez se han tragado el cuento de que con otro técnico podemos repetir lo de Brasil 2014. ¿Qué tal Jorge Luis Pinto? No deja de ser interesante. ¡Y morboso!

¿Cómo reaccionarían los líderes del equipo, sobre todo Bryan Ruiz y Keylor Navas, ante la llegada del colombiano? ¿Estarían dispuestos a renunciar al Mundial, con tal de no dar el brazo a torcer y someterse a las formas de Pinto? Creo que a la brava aceptarían. La Copa del Mundo es demasiado escaparate como para tirarse del avión a medio camino.

Pero ese avión no nos llevará de regreso en el tiempo, como en las películas de ciencia ficción, para reencontrarnos con el paradisíaco Brasil del 2014. Con Pinto o sin Pinto. Quienes piensan que es posible, están equivocados. Aunque ya quisiera yo ser el engañado.

Fui un abanderado del técnico santandereano y lo sigo siendo. La disciplina y la pasión, la rigurosidad, el método como escudo, el equipo por encima de las estrellas, todo eso es un coctel para buenas cosechas. Pero sé que no estará de regreso, porque los dirigentes no lo quieren y algunos futbolistas le guardan rencores profundos.

Aunque no es su presencia la garantía de que mataremos gigantes en Rusia. Ni es su ausencia un designio de que volveremos a casa con el rabo entre las piernas. Porque si hay un técnico local que ve el fútbol con los ojos de Pinto es justo quien está en el banco de la Selección.

Los errores que cometió Ramírez en los dos partidos en Europa los está pagando con un sobregiro de reproches, con inmerecidos reclamos que muchos le tenían guardados: Los que no comulgan con su estilo, quienes lo ven demasiado “alajuelado”, los que reniegan de su imagen y, por supuesto, los que cuestionan válidamente sus planteamientos.

Óscar tiene que mejorar, como todos en la vida. Pero es un técnico capaz, estudioso del rival y de su equipo. No tiene la elocuencia ni el carácter de Pinto, pero en la pizarra puede trazar las batallas con similar pericia. ¡No tengo duda!

Lo malo para Óscar es el techo que nos dejó Brasil 2014. Peor aún, que los hombres de esa gesta, en su mayoría, andan desde hace rato en un nivel inferior al de entonces. Por si fuera poco, la crisis tiene tomado al fútbol local, económica y futbolísticamente, y no hay una generación pujante que obligue a los legionarios a competir en sus ligas o a buscar adónde hacerlo.

Esos legionarios, aun sin su mejor nivel, tendrán que subirse al avión, mientras no aparezcan gallos en nuestro patio que levanten la mano y empujen con fuerza.