Por: Antonio Alfaro 10 junio

Apartemos el morbo de una vez: no se trata de capacidades, pues sospecho que el Macho Ramírez tiene poco que envidiarle a Zidane en materia táctica, estratégica y estudio del rival.

Den al seleccionador tico el Real Madrid, así, intacto, con Navas, Ramos, Modric, Bale, Benzema, Cristiano y todos los que entraron en la carroza del triunfo. Si ellos aceptaran sus instrucciones, muy probablemente el Macho terminaría también en Cibeles, entre vítores, el ¡hala Madrid!, con muy buena salud luego de una temporada abundante en goles, tapas y vinitos españoles.

Si tan solo Óscar Ramírez decidiera cómo llegan a junio sus Cristianos...

Cuentan que el gran logro de Zidane fue convencer a su estrella de ausentarse en algunos juegos a cambio de un buen cierre de temporada.

Cristiano, de esos que no quieren perderse nada, aceptó la propuesta, quizás porque venía de quien fue un galáctico, campeón del mundo, estrella en Champions, convertido hoy en un técnico cuya carrera y personalidad le permiten persuadir a los mejores.

Con descanso en dos de los últimos diez partidos del Real Madrid, el Bicho anotó 11 goles en los restantes ocho juegos, incluyendo dos en la final de Champions, y le quedó pólvora para sumar otro par esta semana en el juego eliminatorio de Portugal ante Letonia.

Óscar Ramírez, que para empezar no tiene ningún Cristiano (como él, solo Messi), no puede controlar cómo llegan al final de temporada Bryan, Celso, Campbell...

Pensarlo así, me ayudaría a entender por qué donde otrora hubo socios, apoyos, paredes y pivoteos, esta vez abundaron los acertijos individuales para encontrar a quién darle la pelota. A falta de socios fue necesario el pique , el regate , el giro, exigencia agravada por el terreno mojado, la reprochable expulsión del Pipo y el impecable planteamiento panameño.

El empate con sabor a derrota obligó a la Sele a gastar antes de tiempo algunos ahorros que habría caído bien tener a mano —tan solo por si acaso— para la próxima visita de México. Está de más, sin embargo, el repentino pesimismo, incluso si se considera la suma de solo dos puntos de los últimos nueve disputados.

La derrota en México a nadie debió alarmar, el empate en Honduras tuvo tintes de logro y la igualdad en casa ante Panamá —ahí sí— representa el primer traspié de la Sele .

Todo volvería a la calma ante Trinidad, si la Selección, a puro corazón y sociedades, logra jugar en junio como si fuera noviembre.