Por: Jacques Sagot 18 junio

Costa Rica no va en segundo lugar de la hexagonal en virtud de su buen juego, sino porque Honduras y Trinidad y Tobago atraviesan una de las fases más oscuras de su historia futbolística. La Selección no está jugando bien. El problema no es —como pretende Ramírez— la falta de definición, sino la no generación de oportunidades que puedan ser definidas —o desperdiciadas—. Campbell y Ureña juegan muy solos: no hay sociedades ni binomios ofensivos, no tienen compañeros en los cuales apoyarse para bordar así no fuese más que una esporádica pared. Un equipo puede jugar a punta de ocasionales estiletazos si tiene centellas a guisa de delanteros y lanzadores capaces de satelital precisión en el medio campo: de lo contrario, los pelotazos son un despropósito. La defensa anda floja: no cuida sus espaldas, y es tomada con frecuencia a contrapié. El medio campo luce lento, débil, dubitativo. Cometemos errores en la salida que, contra rivales de mayor jerarquía, generarían una debacle. El equipo no marca bien, no ataca bien, no ofrece seguridad atrás, y tampoco inquieta a sus rivales adelante.

No perdamos de vista el nivel del contrincante: Trinidad y Tobago ocupa el lugar 84 en el ranquin de la FIFA, solo ha estado en un mundial (2006) y se fue sin marcar un gol. Es un equipo ínfimo, rupestre… y sin embargo nos tuvo suspendidos entre sístole y diástole durante 90 minutos. Tal cual está jugando, esta Selección no le gana 3-1 a Uruguay, 1-0 a Italia, y tampoco empata con Inglaterra, Grecia y Holanda. Saldríamos masacrados por todos ellos. Lo que es más, la Selección de 2014 le ganaría a la actual Selección por 3-0, sin despeinarse —y ello a pesar de que la nómina sería, en lo sustantivo, la misma—.

Hemos vencido, pero no hemos convencido —diría Unamuno—. Estamos olvidando una cosa: en el Mundial 2018 no seremos vistos como un equipo “pequeño”. Vamos a ser estudiados, analizados y descifrados como jamás lo habíamos sido. Estaremos in vitro y bajo lente microscópico. Los mejores técnicos del mundo nos estarán viviseccionando noche y día. Atrás quedó David, ¿creen ustedes que podamos adaptarnos a nuestro nuevo papel de Goliat? Era fácil, ser los pequeñitos, los chiquiticos, los cachorritos del mundial… Pero eso se acabó.