Por: Antonio Alfaro 14 noviembre, 2015

Habla no sé cuántos idiomas, anima en tarima mejor que Patricia Figueroa (escribió el periodista Víctor Fernández), sus compañeros le tienen de apodo “la maleta” y nadie se atreve a decir por qué, todas las chiquillas se vuelven locas por él, y ahora resulta que toca la batería con gran dominio, según informó esta semana nacion.com.

Algo tiene que dejarle al prójimo –reclama uno–. Quizás por eso, Dios lo castigó con ser volante de contención, ese que suele ganar menos dinero que los goleadores, el que nunca sale en la primera plana de los periódicos, destinado a correr, marcar, recuperar y servir... correr, marcar, recuperar y servir... Solo es portada si llega a tiempo para la foto mientras sus compañeros festejan o en las extrañas ocasiones en que él anota, que para colmos, con Celso no son tan extrañas, pues ya suma 19 tantos con la Sele .

Ni siquiera necesita ser hijo de Guimaraes. Quizás la ascendencia le ayudó en otros tiempos, aunque tampoco era una ganga tener encima el peso de un exItalia 90 y gestor intelectual del regreso tico a los mundiales, en Corea-Japón 2002 y Alemania 2006. Un progenitor exitoso también conlleva sacudirse las sospechas de argolla y, en no pocos casos, demasiadas expectativas no superadas, porque falta calidad o porque sobra presión sobre el heredero. Celso aprovechó las ventajas y dribló los inconvenientes, hasta que hoy nadie lo piensa como el hijo de Guima.

Es el eje de la Sele y tiene de todo un poco: ubicación, bastante; marca, suficiente; pase, destacable; gol, de vez en cuando; liderazgo, evidente; juego aéreo, eficiente. En la cancha, poco a poco sus virtudes van superando nuestra envidia, hasta que se coloca a punto de caernos bien. Es entonces cuando de nuevo se vuelve repugnante. Justo cuando uno aprendió a apreciar su aporte sale lesionado en el inicio de la eliminatoria, deja a la Sele en medio partido ante Haití y un vacío para el juego en Panamá. No tenemos otro contención como él, si bien un esforzado y fuerte Azofeifa hará todo lo posible por tapar el hueco.

Por fortuna, hay otro que a muchos les cayó mal en su momento y ahora no puede ser más oportuno: el juego de equipo, mal llamado defensivo, a lo Macho Ramírez. Ya no me cae tan mal.