Por: Jose David Guevara 31 mayo

Para los mezquinos que se niegan a reconocer el talento ajeno, los envidiosos que no soportan ver a alguien triunfar o brillar en su campo, los expertos en diseñar las vidas de los demás aunque a duras penas puedan con sus propias existencias, los 100% perfectos que nunca cometen ni han cometido un error, los adictos al “deporte” de juzgar a la ligera, los que no se sienten bien sin inocular su dosis de crítica venenosa diaria y los que se solazan serruchándole el piso a los demás.

También para quienes creen tener la última palabra en temas como el estilo del peinado, el color y el diseño de la vestimenta, el tono de las tenis, las forma de colocarse los anteojos sobre la cabellera, los que se ofenden ante quienes actúan con seguridad y confianza en sí mismos, sin complejos, los frustrados que se alegran —e incluso celebran— cuando a alguien le va mal y los que se la pasan viendo la paja en el ojo ajeno sin reparar en la viga que tienen en sus propios ojos.

No puedo dejar por fuera a aquellos que no cuentan con temas de conversación interesantes o variados, los que para sentirse superiores denigran al prójimo, los especialistas en detectar faltas o yerros ajenos, los que se obsesionan contra una persona y solo hablan pestes de ella, los “valientes” que ofenden por Internet, el correo electrónico, las redes sociales o los micrófonos de programas deportivos donde abunda la paja, pero en el cara a cara se quedan mudos, los resentidos porque no lograron realizar sus sueños y los que inventan cuentos, chismes y rumores simple y sencillamente para manchar la honra ajena.

Hay que incluir a los que se deleitan en destruir pero no tienen absolutamente nada que aportar a la hora de construir, los que no conectan la lengua con el cerebro, los que gustan de la violencia, el mal gusto y la vulgaridad en el fútbol, los que nunca se arriesgan y se amargan por los que sí se atreven, los que creen que solo hay que pensar en pequeño, los que no conocen la grandeza, la nobleza ni la generosidad del espíritu deportivo, los que parecen cocodrilos a la espera de una presa.

Este tipo de fanáticos del fútbol y algunos otros por el estilo deben estar muy felices con el retorno de Wálter “Paté” Centeno al campeonato de fútbol de la primera división, pues nuevamente van a tener en quien descargar sus fracasos, desilusiones y desencantos. Por lo pronto, estoy seguro de que algunos de estos personajes descargarán su ira contra esta columna; se pondrán en evidencia.

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