Por: Eduardo Baldares 10 marzo

El Nou Camp en ebullición. Fervoroso. Esperanzado (su equipo da para ilusionarse, la épica es tan suya como el azul y el grana).

De no ser por el acierto de Deniz Aytekin, juez alemán, la olla mágica catalana habría estallado temprano, al 2', cuando Luis Suárez anotó... pero precedido de dos acciones punibles: un empujón de Lionel Messi a Marquinhos y un fuera de juego del propio Luisito. El disco sigue naranja, incandescente. De las gradas sale vapor. ¡El Barça juega bien!

De pronto, el propio Aytekin asegura la válvula de escape con otra decisión correcta: penal a favor del PSG, por clara mano de Javier Mascherano dentro del área local. Edinson Cavani silencia a los culés con su noveno penal a la red en la temporada 2016-2017 (siete en Ligue 1, dos en Champions). Ahora no basta con la hazaña. El FCB necesita hacer seis. ¿Una hazaña? Un milagro. ¿Imposible?

¡Se trata del Fútbol Club Barcelona!, un colectivo que impone tanto como sus notables individualidades, particularmente Messi, Suárez y Neymar. Entonces, jugada a jugada, pase por pase, a puro "tiki taka", la gente comienza a creer de nuevo, ¡y se enciende la tribuna con el 1-1!, obra de un Kurzawa mareado, vuelto loco, en claro autogol precedido de un millón de toques. Así nos vamos a la tregua. Cinco. ¡Faltan cinco!, piensan, sueñan, se esperanzan los catalanes.

La cuesta ya no es cuesta, sino pared. Indemne, la máquina blaugrana da espectáculo, no claudica, genera decenas de llegadas (¡81 al finalizar la contienda!) y en una de estas Neymar se desploma dentro del área. Aytekin considera el traspié producto de la inercia, tras chocar contra Meunier, quien había caído de bruces involuntariamente. Los parisinos reclaman simulación.

Al 61', sin merecerlo, en uno de sus esporádicos contragolpes, el PSG sentencia la serie por medio de Cavani. El 1-2 es injusto, si es que se puede hablar de justicia en un deporte que no se rige por los méritos, sino por la eficacia. Encima, Suárez se va expulsado por acumulación de amarillas, tras simular falta de Marquinhos dentro del área, al 89'.

Aún así, el Barcelona muere con las botas puestas. Neymar (90+1) y Sergi Roberto (90+5) le dan la vuelta al marcador, en una demostración de coraje, pundonor, estoicismo, deportividad y enorme, ¡enorme calidad! Mención honorífica para Aytekin, inmune a la presión del local, del más mediático, comercial y rentable Barcelona. Los tres equipos cumplieron: el ofensivo, el defensivo y el arbitral. El deporte le ganó al negocio.

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