Por: Eduardo Baldares 2 julio, 2015

Lamentablemente, ya no sorprende que supuestos adalides de la moral se caigan del pedestal, estrellándose en malsanas tentaciones con las ideas al viento, sin bisoñé que alcance para taparles el pecado. Indigna, pero no sorprende. Y que aquel dedo acusador, con el que otrora señalaron al prójimo, de pronto se vuelva contra ellos, más invasivo que el de Jara dentro de Cavani.

El mundo está de cabeza, porque hay cabezas que, aunque huecas de valores (morales), por pletóricas de valores (bursátiles y financieros) detentan poder. El Poder, con mayúscula. Véase, por ejemplo, una cabeza cuyo dueño, así como Hitler esgrimió la esvástica y Stalin el martillo y la hoz, hoy yergue, soberbio, el signo de dólar. Ese mismo, ¡sí!, el que escupe los micrófonos y viraliza las redes con sus excreciones de odio, racismo, xenofobia, ese que hace erectarse los dedos del centro en todo el continente, dedos que luego se contraen en puños tensos, apretados, violentos, dispuestos a volar "trumpadas" a piñatas con su cara.

Comerciante de pieles humanas ¡vivas!, humillador que evalúa (devalúa) a las mujeres cual objetos, según medidas insalubres de delgadez, con los ojos fuera de las cuencas, restregando sus pupilas en glúteos y pechos, hoy, ¡por fin!, desnuda sus miserias ideológicas sin siquiera vestido de baño. Por lengua larga. Ese que ahora se enoja por las deserciones en masa a su carnicería multimedia (disfrazada de concurso glamoroso), ese que pide votos y se bota solo al basurero, ese... Ese es solo la punta del iceberg, un caso muy visible que forma parte de una crisis de valores que permea religiones, política y hasta al fútbol.

Hoy el mundo, con su forma de balón, parece girar al revés. Y el rey de los deportes no se escapa. Al tiempo que resuenan los parlantes de los estadios con el himno del Juego Limpio, se descubren amaños de partidos, apuestas ilegales, sobornos a jugadores, técnicos, árbitros, dirigentes, empresarios, funcionarios, autoridades de todos los rangos... El mundo está de cabeza... Pero gira, gira y busca cómo volver a su posición correcta, cómo extirpar sus cánceres (corruptos e hipócritas), y los medios de comunicación hacen su aporte, desenmascarándolos, evidenciándolos ante el orbe. Ese es justo el primer paso.