Por: Danilo Jiménez 20 abril

Para un purista de los procesos, a Jeaustin Campos aún le restan dos torneos cortos para cumplir el objetivo que lo llevó al banquillo del Cartaginés: quebrar una sequía de 77 años sin títulos.

Pero la duda que dejó instalada la segunda eliminación consecutiva para las cuadrangulares ante el modestísimo Santos es si este equipo crecerá futbolística y mentalmente en dos semestres para recibirse como campeón.

Y ahí es donde los números le juegan en contra al entrenador pentacampeón con Saprissa y figura de culto de nuestro balompié por sus logros, trayectoria como futbolista y estratega y, por qué no, virulentas polémicas.

Un rendimiento del 50% en sus dos primeras campañas cortas no abona la ilusión de una hinchada que se resiste a dejar de creer, pero que ya no digiere con tanta ingenuidad estos fracasos recurrentes y casi clonados.

El equipo de Jeaustin no juega bien. En aras del equilibrio es un cuadro trabado al que se le dificulta elaborar juego, carece de profundidad, no propone ni gana por los costados y vive de los estados de lucidez en ataque del Chiqui y Fener.

El domingo en el Ebal Rodríguez y en donde se imponía ganar porque dependía de sí mismo, no dio la impresión de ir por el partido y eso fue decisión de Campos. Jugó con la oreja pegada a lo que sucedía en San Isidro de El General, se obsesionó en amasar el empate y pasó lo de siempre.

¿Era de alto riesgo incluir al Chiqui y a Bustos Golobio, en lugar de Pérez y Danny Fonseca, para tener más claridad en ataque y asegurar la decisiva victoria? Manejos y decisiones de este tipo suenan a contradicción en un DT que se labró buena parte de su estrella por su audacia y propensión al riesgo.

Aunque esta vez la descarga postjuego fue justificada, pues el gol de Madrigal ocurrió en posición prohibida y el penal no sancionado a De Lemos constituyó una infamia, Campos también debería abrirse a la autocrítica y replantear el rumbo, si el presidente lo reconfirma en el cargo y honra su contrato.

Jeaustin se ha equivocado en planteos, en contrataciones de figuras, en fidelidades a ciertos futbolistas en la alineación que no fueron correspondidas con rendimiento a la hora decisiva, pero, lo más grave, en no usar su peso, influencia y trayectoria de estratega de nivel para permear el dócil carácter de sus futbolistas.

Y si quiere imponerse en el año que le queda será crucial que marque un punto de inflexión allí, en la fibra anímica de sus jugadores, porque Cartaginés se llena cada vez de más miedos y ya no hablamos de que pierde campeonatos, ante Saprissa y Herediano, como antes. Ahora su verdugo es un modesto equipo al que le basta con saltar a la cancha para eliminarlo.

Jeaustin, con mi admiración y respeto: ¿aún lo mueve la ilusión de cambiar esto?

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