Por: Amado Hidalgo 2 junio, 2015

El mejor jugador de futbol no fue ni es Maradona, Pelé, Cruyff o Messi. Pero más que cualquiera de ellos, tiene los pies ligeros, una astucia descomunal, un dribling diabólico y nadie lo ha podido cazar.

No hace goles con “La Mano de Dios”, como Maradona, pero con las suyas ha forjado jugadas tan sucias que podría ser llamado “El Hombre de las manos del Diablo”. Las mete sigiloso, sin que el árbitro, el policía o la cámara –hasta ahora- lo hayan visto.

Carece del regate de Messi, pero nadie se ha bailado a tantos como él. Sin haber metido un gol en su vida, los reflectores de todo el Mundo lo tenían como a uno de sus ídolos. Le profesaban pleitesía los gobernantes de aquí y allá, las puertas del Vaticano se abrían a su paso, los Reyes lo sentaban a su mesa, los príncipes árabes se tomaban selfies con él, y hasta tiene una joven novia escultural que ni el Ronaldo puede disputarle.

Los grandes de la cancha no han podido ni hacerle cosquillas. Maradona se queja porque lo sacó de un Mundial, a Platini acaba de hacerle un sombrerito que lo dejó hablando solo, a Figo le hizo “La perrita” y lo mandó a bañar, a Chilavert le metió un gol de media cancha y hasta a un príncipe jordano, que se metió a la cancha sin permiso, le sacó la tarjeta roja y lo puso fuera de juego.

Su última jugada, sabiéndose ya al alcance del equipo gringo, lo retrata en su versión más astuta. Decidió seguir jugando, a pesar de la lluvia fuerte, para demostrarle al Dios Trueno que no le tiene miedo, pero al mismo tiempo ganar minutos para que esa lluvia lave bien su uniforme y el de sus compañeros, y así salir de la cancha orondo. Parecido a la Nevada de Kansas: mientras él ejecuta sus últimas jugadas, en el campo se mueven los encargados de sacar la nieve, de expulsar el agua, de enterrar las evidencias de que allí no se podía jugar.

Así, tal vez, pueda conservar su botín dorado e imagen de jugador intocable. Aunque seguramente será ahora, al poner un pie fuera de la cancha, cuando se empiece a conocer la verdadera historia del enmascarado del futbol.

Necesitará ser más ágil que nunca para que la justicia del futbol no le ensarte un nuevo uniforme -de rayas- y lo mande a la banca fría a compartirla con sus compañeros castigados por practicar el juego sucio.

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