Por: Jacques Sagot 21 noviembre, 2016

Por septuagésima quinta vez consecutiva (tres cuartos de siglo), Cartago le ha roto el corazón a sus seguidores. La fanaticada más fervorosa (etimológicamente, la que es capaz de mayor fe), la vapuleada, la martirológica, la torturada, sigue clamando a la sombra de don Fello Meza para que, por piedad, les depare un campeonatito.

Salvo para la afición brumosa, Cartago es el segundo equipo de todos los costarricenses: después del cuadro de nuestros amores, "Cartaguito" es nuestra opción, por esa vaga simpatía que suscitan los perdedores inveterados, por compasión, por misericordia y sí: por lástima. Jugadores y directivos de Cartago: entérense de que son ustedes objeto de lástima universal entre los futbol consumptors costarricenses.

Es un equipo clásico -por su veteranía histórica- pero no grande. Nadie que en 75 años no ha ganado un campeonato puede describirse a sí mismo como "grande". Se lanzan a la piscina, y solo ven a sus contendores pasar a su lado cual torpedos, y ellos ahogándose miserablemente en media alberca.

¿Cómo pueden vivir así? ¿Cómo concilian el sueño? ¿Cómo se aprende a ser un derrotado perpetuo, automático, un "perdedor emérito"? ¿No se les estrujan las entrañas al ver a su afición hundirse en la desesperanza y la postración? ¿Es eso lo que merecen los miles de corazones que persisten en apoyarlos pese a su mediocridad?

Peor que incompetentes: cobardes carentes de fibra moral y del menor asomo épico. Solo un equipo afecto de blandenguería endémica puede caer como lo hizo Cartago ante Santos. "Cartaguititito" no tiene músculo psicológico y volitivo. No son guerreros, sino once "mujeres al borde de un ataque de nervios" (Almodóvar).

La debacle no fue culpa de Jeaustin Campos. Sucede que a ustedes, amigos, no los salva ni una troica técnica constituida por Guardiola, Mourinho y Heynckess. Cartago tiene que aprender a ganar... el problema es que eso solo se logra ganando.

El cometa Halley pasa cerca de la Tierra cada 75 años. Cartago ya ha superado el tiempo que le toma al cuerpo celeste recorrer la totalidad de su órbita. Realmente, un equipo "galáctico".

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