Por: Jacques Sagot 6 agosto

Muy bien, apenas comienza el campeonato y ya Benito Floro nos ha infligido su frase, su lema, su divisa, su leitmotiv , su motto , su cántico guerrero: “La Liga mereció más”. ¿Cuántas veces más creen ustedes que deberemos oír este aserto-lamento-clamor a los dioses? Pues siempre que pierda, que empate, y posiblemente incluso al ganar, el diagnóstico será: “La liga mereció más”. En el campeonato mundial de los merecimientos, la Liga sería, según Floro, campeón absoluto, incontestable, soberano y eterno.

Pero hay un problema, en el “merecimientismo” de Floro: está reñido con todo lo que el cálculo de probabilidades nos enseña. Si la Liga pierde diez partidos consecutivos y en todos ellos mereció más, ello significa que diez veces obtuvo un resultado inmerecido, que diez veces fue castigada por el alea, que diez veces el azar se ensañó con ella, que diez veces rodaron los dados y en todos los casos los números le fueron adversos… No, no, no señor: a menos de que el cosmos se haya reconfigurado para boicotear su gestión al frente de la Liga, las posibilidades de que el equipo pierda siempre mereciendo más, son infinitesimales, prácticamente desdeñables matemáticamente. Fermat y Pascal crearon la teoría de probabilidad justamente para disipar este tipo de engañifas. Olvidemos mejor las matemáticas, y establezcamos, por aserción, un nuevo paradigma, el “postulado Floro”, que rezaría más o menos así: “Por definición, por principio, por necesidad lógica, siempre que la Liga pierda, lo hará habiendo merecido ganar, desfavorecida por arcanas fuerzas aun no determinadas por la ciencia”.

¡Qué frescura de señor: hablaría con un muerto sin la menor trepidación! ¿No se sonrojará, al reciclar una vez más, ante la mirada impaciente de la afición, su sempiterno “la Liga mereció más”? Amigo: nos interesa verla ganar, mereciéndolo o no. Después de todo, si tantísimas veces perdió mereciendo ganar, podría ser que ahora gane todo mereciendo perder. ¡He ahí la solución: jugar con la otra cara del cálculo de probabilidades, y hacer ahora todo lo posible por no merecer ganar, a fin de ganar!

Señor Floro, ponga en práctica su “merecimientismo” exorbitado una última vez, y pregúntese, la mano en el corazón: ¿merezco yo a este equipo?

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