Por: Jose David Guevara 12 abril

Recuerdo la primera vez que lloré en un estadio de fútbol: miércoles 15 de diciembre de 1971. Aún tengo presente la imagen de aquel niño de diez años que no pudo contener las lágrimas en cuanto el Deportivo Saprissa perdió ante la Liga Deportiva Alajuelense la final de la edición 52 del Campeonato Nacional de Fútbol.

En ese entonces mi familia vivía en San Ramón de Alajuela, pero aprovechando que yo estaba pasando las vacaciones escolares de tres meses en la casa de mi inolvidable tía Esther en San José mi padre me llevó a ver aquel partido al viejo Estadio Nacional.

Aquella noche mi equipo ganó 4-2 al cabo de 90 minutos de juego, con un gol de Odir Jacques, otro de Jaime Jimmy Grant y dos de Carlos Loco Solano, en tanto que por los rojinegros marcaron Roy Sáenz y Juan José Gámez, La hormiguita. Ese marcador obligó a tiempos extra ya que los manudos habían ganado el primer duelo en su casa, apenas tres días atrás.

En la prolongación los goles corrieron por cuenta de Odir Jacques, de penal, y del liguista Óscar Emilio Cordero. Empate a uno al final de los 30 minutos suplementarios. Ni modo, no quedó más camino que definir al nuevo monarca con remates desde los once pasos. Por la Liga anotaron Gámez, Cordero y Wálter Elizondo (sólo falló Alfonso Estupiñán), en tanto que por Saprissa el único que anidó el balón en el marco fue Hernán Morales; erraron Jacques, Eduardo Mudo Umaña y Guillermo Coco Hernández.

El telón cayó tras el penal que falló el último de esos jugadores. Fue en ese preciso instante que estallé en llanto. Mi tata me abrazó y me dijo: “Tranquilo, hijo, va a ver que el próximo año quedamos campeones”. “Sí, pero yo quería que ganáramos este campeonato”, respondí entre balbuceos.

Ahora, cuando han transcurrido poco más de cuarenta y cinco años desde esa sufrida final, repaso las palabras de consuelo que me dijo mi papá, pronóstico que se cumplió y que fue más allá de mis expectativas pues el torneo de 1972 fue el primero de los seis campeonatos que Saprissa ganó de manera consecutiva hasta 1977.

Nunca en mi vida he gritado tantos goles, celebrado tantos triunfos, aplaudido tantas remontadas y festejado —hasta quedar afónico— tantos títulos.

Ya que estamos en Semana Santa cierro, con todo respeto, con una cita del Evangelio: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”. ¡Vaya consuelo el que recibí!