Por: Jacques Sagot 1 junio, 2015

¡Qué fenómeno fascinante, el electromagnetismo! En el límite del no ser. Por poco, un fantasma. Lo que Proust llamaba un ente “sin materia”. Y sin embargo, sí la hay. Sutil, enrarecida, invisible. Las cargas de electrones y el flujo de partículas que emigran de un cuerpo a otro. Como los aromas y la música. Así sucede con el éxito. Hay personas que lo imantan. Contemplamos el panorama retrospectivo de sus vidas, y vemos un imán, del que cuelga una infinita cadena de agujas, cada una de ellas magnetizada y magnetizando a la siguiente, suerte de metálica guirnalda.

Nada en el mundo tiene tanto éxito como el éxito. Un triunfo genera otro triunfo, que da lugar a un tercer triunfo, que propicia un cuarto triunfo… y así se urde la cadena de victorias imantadas, irrigadas por la misma corriente: el espíritu triunfador. La existencia asume la tonalidad de Mi bemol mayor (El Concierto Emperador o la Sinfonía Heroica de Beethoven).

Odir Jacques es un magneto para el triunfo. Desgrano las agujas de esa cadena imantada que configuran su guirnalda de la victoria. Como técnico, cinco veces campeón con el Team : en 1978, 1981, 1985, 2012 y 2015, fungiendo en la doble capacidad de entrenador y jugador, ¡a los 32 años! Las preseas de 1978 y 2012 tuvieron una significación épica: acabaron con sequías de 17 y 19 años respectivamente. Campeón con la Liga en 1982. Subcampeón morado en 1992. ¿Como jugador? Cinco preseas con Saprissa. Pichichi en 1972 (23 dianas). Máximo artillero en el Torneo Confraternidad (11 tantos). Con el Alianza, de El Salvador, 131 goles en cinco temporadas. En 1968, 30 tantos, récord aún no batido. Cuatro títulos obtenidos de manera invicta. Descubrió y promovió a Óscar Ramírez, Claudio Jara, Rolando Fonseca, Elías Aguilar. Se prodiga, arde como el cirio: pura irradiación.

Ese es Odir. ¿Profesión oficial? Ganador. Ha enfrentado serruchillos herrumbrados, criaturas liliputienses, pigmeos del pensamiento, y envidiosos ofídicos de lengua bífida. Tranquilo, Odir: eso viene con la ciudadanía costarricense. Los renacuajos lo critican, y él responde como los gladiadores: en la arena y ganando. Ese es su lenguaje. La victoria es la patria de su espíritu, y su amistad, uno de mis títulos de gloria.

Etiquetado como: