Por: Jose David Guevara 25 febrero, 2016

Siempre recuerdo la voz de José Luis Rápido Ortiz (1930-2012). Se trata de viajes espontáneos; digamos que unos 40 años atrás, cuando ese locutor deportivo transmitía por la radio los partidos de fútbol.

En esos años no era tan común que las televisoras transmitieran en directo las contiendas futbolísticas. Si un aficionado no asistía al estadio, no le quedaba más opción que encender la radio.

Fue así como muchas noches, acostado en mi cama y con la luz del cuarto apagada, escuché la potente y clara locución del Rápido Ortiz, quien hacía yunta con Javier Rojas González.

Disfrutaba mucho aquellas transmisiones. Don José Luis tenía un estilo ameno; de manera natural y espontánea mezclaba los incidentes de los encuentros con su sentido del humor —el cual complementaba con una carcajada contagiosa— y con comentarios sobre los números que jugaba a los chances y la lotería —si mal no recuerdo, le gustaba apostarle al 60 o al 66—.

Asimismo, de cuando en cuando cantaba, a capella, una estrofa de algún bolero que le despertaba buenos recuerdos. No solo cantó goles; también canciones de Julio Jaramillo, Otto Vargas, Felipe Pirela, Daniel Santos, Lubín Barahona, Bienvenido Granda, Solón Sirias, Agustín Lara y Benny Moré.

Había que escucharlo cuando se enojaba por motivo de lo que consideraba un pésimo arbitraje, en especial si el silbatero perjudicaba a la Sele . “¡Pillo!”, “¡sinvergüenza!”, “¡descarado!” y otros epítetos.

En la casa de mi familia la voz de este locutor resonaba en dos radios portátiles: el de mi padre, protegido por un estuche de cuero café, y en el mío, un Sony negro que yo utilizaba también para escuchar música en Radio Uno y Radio Juvenil. El día de mi cumpleaños sintonizaba Faro del Caribe para oír el saludo que mi abuela Inés me enviaba.

Rememoro a Rápido Ortiz y afloran los recuerdos de otras voces que me ayudaron a dar mis primeros pasos como aficionado a este bello deporte: Luis Cartín Paniagua, Juanito Martín Guijarro y Jorge Pastor Durán.

No conocí a don José Luis en persona. Nunca le di las gracias por los buenos momentos que me regaló. Lo hago aquí porque nunca es tarde para agradecer.

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