Por: Eduardo Baldares 30 mayo, 2016

Electrizante, de emociones, taquicardia, sobresaltos, pequeñas decepciones y colosales alegrías, en mayo de 2016, los costarricenses nos subimos a la bicicleta de Andrey Amador y pedaleamos, ascendimos, nos disparamos con él en los descensos no aptos para nerviosos ni indecisos, cruzamos la meta, nos ceñimos la maglia rosa , disparamos la champaña motivacional con un sonoro ¡sí se puede!

En este mes histórico que hoy termina, muchos (no todos, se respeta a los acérrimos seguidores culés) nos colocamos los guantes de Keylor Navas y volamos, caímos, nos levantamos, repelimos, despejamos, puñeteamos y, al final, abrazamos con él la Orejona más codiciada del planeta fútbol, la copa de la UEFA Champions League.

Y sí, ¡se vale estar feliz!, estimularse en el día a día, a sabiendas de que se pueden alcanzar las metas personales si se mezclan claridad en el objetivo, convicción, pasión, esfuerzo y, por supuesto, las condiciones innatas.

Gracias a Keylor y Andrey por eso.

Todo está muy bien, pero... póngale atención al pero: nunca, pero jamás de los jamases, se debe perder el valor de la objetividad.

Bien lo escribió Rolando Chacón, estudiante de Periodismo de la UCR. “Cuando un compatriota logra destacar en el máximo nivel, nos invade un patriotismo exacerbado que nos ciega y nos aleja de la objetividad”, redactó en una práctica del género de columna de opinión.

¡Cierto! Ahora resulta que nos da por cuestionar las estrategias del Movistar Team, ¡mejor equipo del mundo por tres años consecutivos!, porque su mánager, el coleccionista de victorias Eusebio Unzué, considera como sus capos al español Alejandro Valverde y al colombiano Nairo Quintana.

Calma, ¡calma! Lo mismo podría decirse de la llamada “Keylor manía”. Yo creo que pocos dudan que el generaleño está entre los mejores porteros del mundo, pero, ¿es obligación moral de todo costarricense sostener que es el número 1, solo porque es tico? ¿Es un traidor a la patria quien ose verles mayor nivel, por ejemplo, al alemán Manuel Neuer y al esloveno Jan Oblak?

Se vale emocionarse, sí, pero a la hora del análisis, particularmente en medios de comunicación, debe prevalecer la cabeza fría, blindarse contra los nacionalismos en aras de la objetividad.