Por: Jose David Guevara 9 diciembre, 2015

Déjenme decirles una cosa: ¡mucho cuidado con Cartago! Viene en alzada y puede salirse con la suya al final del campeonato —aseguró el hombre más grueso, el que tomaba whisky, el que estaba sentado en medio de los otros dos contertulios—.

El de la derecha, el que bebía una espumosa Imperial, el más blanco de los tres, reaccionó de inmediato: “¡Nada que ver! Esto es de la Liga. La Liga está sobrada. Facilito va a campeonizar”. Y después del pronóstico un sorbo de cerveza; el calor obligaba.

—¡Solo vos sabés! Yo soy manudo, pero este equipo viene desperdiciando puntos a montones. Viene en picada, mientras que Cartaguito va pa’rriba. Ese señor, César Eduardo ¿qué?

—Méndez —respondió el de la izquierda, el más callado, también con una Imperial—.

—Sí, Méndez, es un zorro y se puede jalar una torta. Alzó el vaso whiskero e interpretó la sinfonía de los cubos de hielo.

—Parecés nuevo, como si no supieras que Cartaguito se desinfla siempre a la hora de la verdad. En cambio Saprissa, que está recontramalo, siempre saca pecho en los cierres.

—No estoy de acuerdo —intervino el de la izquierda—. La lagartija no está para sacar caja, muy flojito mi equipo. Más bien me suena lo que dice el compa: cuidado con Cartago que tiene un entrenador que se lo desea cualquiera.

Afuera, a escasos 30 metros, el mar pedía la palabra. Algo quería decir con las olas que amenizaban la tertulia.

—Además, el Chiqui Brenes está encendido.

—¿Por arriba o por abajo? Digo, como las galletas...

—¡Qué chile más malo!

—¿Y qué me dicen de Herediano? Odir Jacques es muy jugado como técnico...

—Qué jodido, el entrenador mejor preparado es el colombiano Hernán Torres, el de la Liga, pero a la hora de la verdad este es un asunto de zorros y colmillo.

—¡Más en este campeonatito diseñado a la medida de la mediocridad! Aquí cualquiera puede ser campeón. ¡De un derrame no van a morir los genios que dirigen nuestro fútbol!

No, no es el típico diálogo de un programa deportivo de la radio... Esta conversación, aún más larga y con más whiskys, cervezas y olas, tuvo lugar en la barra del bar del hotel El Velero, playa Hermosa, Guanacaste, el domingo pasado.

En honor a la verdad, pudo ocurrir —ocurre— en cualquier bar porque si algo abunda en este país son los comentaristas deportivos. Once de cada diez ticos, son —somos— “analistas” futbolísticos. Marea alta de “expertos”.

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