22 abril, 2015

Contrario a lo que aparenta a través del lente de la cámara, Óscar Ramírez suele ser muy afable en las conferencias de prensa.

Cosa distinta en los cierres de torneo, cuando la sonrisa bajo el bigote se transmuta en sus típicas ojeras de finales y el verbo se vuelve un tanto amargo, sobre todo si un desconocido le cuestiona el “parado” del equipo.

Eso no ha pasado ahora. Primero, lo noté en el clásico, cuando fue extraño no ver a Óscar esquinearse en la tensión de la zona técnica. Lo mismo ayer, cuando habló con cierta calma de la visita a Limón y la obligación de ganar tres de tres para avanzar.

¿Será que aprendió a manejar la tensión? o ¿será que sabe algo que nosotros no?