Por: Jacques Sagot 22 junio, 2015

Las finales Heredia-Cartago del Verano 2013 son, por mucho, la más vibrante saga definitoria que he visto en décadas. Heredia llegaba con 43 puntos, y cantaradas de goles firmados por Ruiz y Núñez, y Cartago con 41 puntos… y 72 años bajo la égida de Chucky.

En la colisión en el Fello Meza, Cartago fue un tsunami. Resultado: 3-1. Triunfalismo prematuro de la afición, pero creciente, subterráneo nerviosismo de Delgado, que conocía los recursos morales de su colega, Marvin Solano. Durante esa semana se produjo un fenómeno simétrico y correlativo. Mientras en Cartago el viejo Poltergeist de la derrota iba corroyendo al equipo, Heredia se tonificaba, y descubría ocultas reservas de energía. Cartago perdió psicológicamente la justa en el intersticio de los dos partidos.

En Heredia, épica remontada 3-0: un equipo que jugaba eficaz y bellamente. ¡Gracias, Marvin, por regalarnos algo de hermosura, en un fútbol que bien podía, por su primitivismo y brutalidad, constituir una atracción en Jurassic Park: pelotazos a la olla, y brincos para ver cuál velocirraptor pescaba algún balón perdido en el área!

Y de pronto, gazapo infantil del portero Moreira: marcador de 3-1 y súbito cambio de libreto: suplicio de los penales (que no son una lotería, sino una destreza adquirida, ensayada, plasmación de la integridad o endeblez psíquica de los jugadores).

Entonces Marvin actuó como el gran arengador que debe ser todo técnico. Le dijo a Moreira: “Bueno, viejo, cometiste un error garrafal. Ahora, en los penales, la vida te da la oportunidad de revelar tu verdadera madera humana y profesional. ¿La aceptás?” Moreira detuvo el tercer penal y anotó el cuarto de su equipo de manera inmaculada. Marvin pungió el nervio correcto: justo cuando desfallecemos, descubrimos durmientes yacimientos auríferos en el subsuelo de nuestras almas. Vetas y filones de entereza que no sospechábamos. Material precioso que jamás habría emergido sin el terremoto psíquico del error, que fracturó la tierra, y permitió la eclosión del magma. Nunca es tan temible un hombre como cuando no tiene ya nada que perder. Marvin, el espeleólogo, sondeó los estratos profundos del alma de Moreira y extrajo de él un torrente de oro fundido. Un gran técnico. Un gran portero.