Por: Roberto García H. 5 diciembre, 2015

Aquella caída en cámara lenta era interminable. Quedamos en vilo. Temimos que había ocurrido lo peor. Luego, el insistente rewind de la televisión parecía confirmar la dimensión del drama. Randall Chiqui Brenes, por definición, el referente del Club Sport Cartaginés, estuvo a punto de sufrir un daño de proporciones incalculables.

Esta fatídica acción del partido entre Saprissa y Cartaginés, el domingo pasado, acaeció después de que Chiqui había conseguido, por la vía del penal, el tercer gol de su equipo, que resultó vencedor por 2-3, con dos anotaciones suyas. Ya habíamos pasado por el primer susto en ese juego, tras el choque accidental de cabezas entre Francisco Calvo y Fabricio Ronchetti, percance en el que el brumoso llevó la peor parte.

¡Cuántos riesgos se corren en la práctica del deporte! En muchos casos, estas situaciones son producto de la naturaleza del fútbol, un deporte de contacto; aunque también se originan por la rudeza en la que, por lo menos en nuestro medio, aplican no pocos futbolistas profesionales, sin que con ello pretendamos endosar responsabilidades a Francisco Calvo o a David Guzmán, respectivamente. Quedó muy claro que no medió mala intención de los morados en los hechos citados.

En la semana que termina, La Nación informó acerca de la lenta recuperación del ciclista Henry Raabe, luego de la terrible caída que sufrió hace poco más de dos meses en San Carlos, a bordo de su “caballito de acero”.

“El fisiatra me dijo que era un poco difícil volver a tener movimiento en el brazo (derecho), me refirió a cirugía y entonces hay que esperar”, comentó el valiente rutero nacional a la periodista Fanny Tayver. Ese… “hay que esperar”, es una declaración de fe, salida del alma de un deportista cabal.

Como en cámara lenta, la caída parecía interminable. Después, nos apretujó el alma. Lo describió Danilo Jiménez ayer en este espacio, con su exquisita pluma. El suceso hizo que nos olvidáramos del espectáculo y nos juntáramos todos, en silencio y cada quien en su sitio, en una poderosa corriente espiritual de oración de multitudes, por la recuperación del Chiqui.

Somos identidad. Muchas cosas nos dividen y hasta nos enfrentan en este país. Pero, a la vez, ¡hay tanto que nos une!

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