Por: Antonio Alfaro 20 agosto, 2016

A un metro de Neymar –cuatro años atrás– uno podía notar el jovencito enfundado en la fama de crack: espinillas en el rostro, un arete de oro con las iniciales NJr , un diamante en la otra oreja, la gorra en su cabeza escondiendo el corte de pelo chiricano, que de poco le sirvió para despeinar a los mexicanos en la final.

Iba camino al bus, con escala obligatoria en la zona de entrevistas del estadio de Wembley, en Londres. Iba por el camino de la derrota olímpica, el mismo que alguna vez recorrieron Ronaldo, Romario, Ronaldinho Gaúcho, Roberto Carlos, Bebeto, Rivaldo.

Brasil, una vez más, había sido el favorito derrotado en busca del único título ausente en sus vitrinas. El oro se le hacía de rogar, tanto o más que el Neymar del Santos a los equipos europeos.

Cerré la crónica de aquel día con una frase que hoy regresa a mi memoria: “Brasil tendrá que esperar. Algún día ganará el oro olímpico. Quizás cuando Neymar ya no tenga espinillas”.

No sé si Neymar ya no tiene espinillas, tan solo es claro que nada es eterno. Ni los fantasmas ni los héroes. Ni el oro perdido por Brasil, ni Usain Bolt, ni Phelps, ni Mo Farah. En el deporte no hay maldiciones, por más que algunos equipos –más bien sus aficionados– disculpen con mitos y leyendas las decepciones.

Incluso Cartaginés algún día será campeón, quizá más temprano que tarde, ahora que poco se habla de muñecos enterrados o de ofrendas incumplidas ante La Negrita (a nuestra patrona difícilmente le gusta el fútbol y, en todo caso, de rencorosa no debe tener ni un pelo). Como el Brasil de Londres 2012, simplemente no ha hecho lo suficiente para festejar.

Algún día no habrá debate en Costa Rica en cada juego dirigido por Pinto, como si hubiese que dictar sentencia según sus nuevos logros o fracasos. Si dejarlo ir fue un error o una necesidad no dependía de la medalla olímpica que Honduras miró de cerca.

Algún día Costa Rica volverá a ganar presea. Quizá cuando el aficionado deje la crítica fácil desde la ignorancia, esperando medallas donde solo se invirtió para asistir. Quizá cuando el atleta no se excuse en la falta de recursos, si no pudo igualar lo que ya ha logrado en ocasiones anteriores con las mismas limitaciones.

Algún día, como Neymar, Costa Rica no tendrá espinillas.

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