Por: Cristian Brenes 28 septiembre, 2015

Jonathan McDonald finalmente sació la sed que secaba su garganta en el Invierno y que le ha complicado gritar sus goles.

El atacante manudo abombó las redes y se quitó de encima las cinco fechas que tenía que sin anotar.

El manudo Jonathan Mcdonald celebró su primer gol ante Cartaginés sacudiéndose para dejar de lado su racha sin anotar. | LUIS NAVARRO
El manudo Jonathan Mcdonald celebró su primer gol ante Cartaginés sacudiéndose para dejar de lado su racha sin anotar. | LUIS NAVARRO

McDonald aplacó su deshidratación goleadora con un doblete que le permitió a Alajuelense dejarse los tres puntos, el liderato y de paso firmar el mejor invicto en un arranque de campeonato para los erizos.

Inmediatamente llegaron los tantos, Jonathan aprovechó para celebrar de una forma particular, se sacudió su cuerpo en busca de alejar los males que lo aquejaban frente al marco y así recuperar el título como el mejor bombardero del club.

“Festejé así porque ocupaba sacarme ese polvo de no venir anotando. Para uno es difícil cuando uno es el referente en ataque y no la venís metiendo, pero también hay que ser conscientes de que algunas veces toca hacer el trabajo de abrir espacios para que los compañeros lo aprovechen”, manifestó el ariete rojinegro.

El atacante marcó por partida doble en la fecha cinco ante Santos y luego no pudo abombar más las redes, pero a su parecer esta racha no se dio porque él dejara de buscar el marco sival, sino más que todo por la labor de los oponentes.

“El rival lo referencia más a uno, pero sabía que con el pasar de los juegos iban a cuidar más a mis compañeros y liberarme un poco a mí y hoy (ayer) fue el partido. Le agradezco a Lezcano por las dos asistencias, porque en el segundo gol él pudo haber anotado, pero es un reflejo del compañerismo que hay”, agregó el delantero.

McDonald señaló que su experiencia en el fútbol le ayudó para no desesperarse ante su sequía goleadora y el rodaje que tiene acumulado le hizo aprender a sobreponerse de estos lapsos que pasan los arietes.

“No estaba ansioso porque por la madurez que tengo sé que los goleadores somos de momentos. Hay partidos en los que cualquier pelota entra sin importar cómo se le pegue al balón o desde qué lugar, y en otros el portero saca todo o pega en el palo, por eso hay que tener tranquilidad, saber esperar y estar preparado”, señaló.

El manudo afirmó que lo peor que podía hacer era frustrarse y por eso aguantó pacientemente. “La jugada más importante es la que viene y eso es lo que hay que pensar. Uno tiene que enojarse con uno mismo y ser consciente de que la que viene no la puede fallar”.