Por: Antonio Alfaro 16 abril, 2016

En aquellos años, los malos eran malos y los buenos eran buenos. Todo era más fácil. Había ladrones y policías, indios y vaqueros, la KGB y la CIA. Superman, el bueno; Lex Luthor, el malo. Así, todo. Simple. El héroe siempre triunfaba, el villano siempre perdía (rara vez habían empates y en todo caso, los penales se encargaban de poner las cosas en su lugar, a favor de la Liga de la Justicia y en contra de la Legión del Mal).

Emocionante, alentador y ejemplarizante durante algunos años, quizás décadas, la trama poco a poco perdió su efecto y la dualidad ganó aficionados.

Kevin Costner ya prefería danzar con lobos y vivir los “piel roja” (los malos ya no eran tan malos); Batman ya tenía algunas pifias morales (los buenos ya no eran tan impecables); el Hombre Araña ya peleaba por una mujer y no necesariamente por la justicia (los héroes ya eran de carne y hueso), y así, hasta que Game of Thrones, a punto de iniciar su sexta temporada, logra a la perfección representar la realidad humana con personajes en los que conviven la nobleza, la codicia, la lealtad y el rencor...

Jonathan McDonald es un poco eso. En él conviven el jugador que construye albergues para los más necesitados y el que le manda un codazo al rival que se le guindó de la cintura. Encarna al buen delantero, como no tiene otro Alajuelense, esforzado al máximo, capaz de diezmar a su equipo cuando más lo necesita. Descrito como una buena persona por quienes lo conocen, en la cancha pierde el control durante un par de segundos. Cuando lo recupera y se vuelve capaz de no reaccionar ante provocaciones, pecheos y recriminaciones, ya es demasiado tarde.

¿Cuántas oportunidades más debe darle la Liga? No muchas, aunque parece sincero el muchacho al que entrevisté hace un par de semanas y aseguraba estar trabajando —sicólogo incluido— en controlar sus emociones.

La expulsión, la tiene merecida; perderse el clásico, también; no así los insultos en la calle o el maltrato a su familia. Al final no es más que un héroe-villano, que como en Game of Thrones debe pagar por sus errores con sanción del Disciplinario y un verdadero “ultimátum” en la Liga. Cada cosa en su lugar.

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