Por: Roberto García H. 3 octubre, 2015

Es común observar en los partidos de la Primera División la indisciplina táctica en la que incurre una gran cantidad de jugadores (defensores, principalmente), cada vez que levantan la mano para llamar la atención del árbitro por la posición, supuestamente prohibida, de un adversario, al que procuran dejar fuera de juego.

Es automático. Un balón se cierne sobre el área y se produce esa acción refleja.

Por supuesto, en la mayoría de esas situaciones, el referí ni se entera y, simplemente, permite que la acción transcurra.

El domingo pasado, en la jugada que antecedió al tercer gol de Alajuelense contra Cartaginés en el Morera Soto, los rojinegros montaron un contragolpe.

Andrés Lezcano avanzaba sobre el costado izquierdo. A la caza de Lezcano venía Juan Diego Madrigal, defensor azul. Quizás, Madrigal hubiera podido alcanzar al delantero, de no haber sido por las fracciones de segundo que perdió al levantar su mano y mirar, inútilmente, al juez. Madrigal pidió un fuera de juego que, por supuesto, el árbitro no concedió. Cómodamente, Lezcano sirvió a Jonathan McDonald, quien solo tuvo que tocar para el 3 a 0 a favor de la Liga.

La segunda situación de la semana aconteció en la noche del miércoles en la semifinal del Torneo de Copa entre Herediano y Alajuelense. Tras un buen pase de Allen Guevara a José Guillermo Ortiz, en el momento en que Ortiz se hacía de la pelota, Mauricio Núñez, zaguero florense, levantaba la mano pidiendo el presunto fuera de juego. Los instantes preciosos que perdió Núñez con su gesto estéril, provocaron el segundo gol erizo en ese encuentro, que finalizó 3 a 2 a favor de los florenses.

Inexplicablemente, los directores técnicos no reparan en ese error de bulto, que suele poner en apuros a los equipos y hasta a la Selección Nacional. De inmediato vienen los reclamos. Airados. Insolentes. ¿Han visto cómo los futbolistas encaran a los árbitros? Gesticulan, gritan y amenazan, con la permisividad de los encargados de dictar justicia, a quienes les da pavor repartir tarjetas, en medio de refriegas que requerirían de ellos personalidad y firmeza.

Indisciplina táctica, se llama esa figura. Muchachos, dejen de protestar y dedíquense a lo que saben. Solamente jueguen.

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