Un notable Elías Aguilar se encargó de que Herediano saliera ileso

Por: Kenneth Hernández Cerdas 20 mayo, 2015

Alajuela. En el manual no escrito de las finales hay una regla máxima cuando se juega de visita: salir sin raspones para acomodar el duelo de vuelta.

Anoche, Herediano lo cumplió a cabalidad tras empatar a uno en el Morera Soto.

El equipo rojiamarillo puso la serie en el lugar que quería ya que no salió golpeado de un campo donde pocos días atrás, recibió una paliza que presagiaba lo peor para sus intereses.

Como cada partido es una historia nueva, esta vez los florenses borraron su papel de víctimas y le arruinaron la noche a una escuadra que llegaba con el cartel de favorito escrito en grandes letras.

El cuadro erizo no anduvo fino, se mostró inseguro en la parte baja y salvó el gol tempranero, fue incapaz de arrollar a un oponente que parecía entregarse desde el primer minuto.

El gol de camerino indigestó a la Liga porque, lejos de tomar del cuello a su rival y asfixiarlo, dejó que de a poco le quitara la pelota para dominar un pulso que anduvo lejos de llenar las expectativas de una final.

El silencio que predominó a ratos en el Morera fue la señal inequívoca de que ante los ojos de la clientela, el espectáculo no era emocionante. Y no lo fue en términos generales.

Elías Aguilar se encargó de cocer el balón en sus botas y lanzar al frente a su equipo, poco afortunado en el ataque, encomendado a las carreras de Rooney Mora por derecha y a que la puntería de Hansen diera en el blanco.

Al Team hay que reconocerle que no se derrumbó por el disparo que recibió en las primeras de tanteo y hasta pudo terminar parejo el capítulo inicial, de no ser porque el árbitro Wálter Quesada no pitó la falta que le cometió Rónald Matarrita a Rooney Mora, al minuto 19.

Después del entretiempo, el guion no varió en demasía.

La fórmula herediana fue simple y efectiva: cortar las embestidas de McDonald, no dejar que Ortiz pisara más el área y ganar las segundas pelotas.

Los jugadores dirigidos por Óscar Ramírez se aferraron, una vez más, al cálculo para evitar sorpresas y aprovechar la urgencia herediana de probar los guantes de Patrick Pemberton.

Sin la solidez para agrandar la diferencia, la Liga vio cómo su rival asaltó su área y le empató el cotejo a seis minutos de que bajaran el telón.

Elías Aguilar, por mucho el mejor del partido, pegó un frentazo que apagó las luces de la casa rojinegra.

El 10 herediano coronó una noche notable en la que mareó a sus rivales, quienes solo pudieron detenerlo con faltas.

Ahora vendrá el desenlace y volverá aquello de que en las finales, lo relevante no es cómo inicia la historia, sino cómo termina.

De Herediano dependerá hacer valer el Rosabal Cordero y quitarse la “maldición” de entregar la corona. Y de la Liga, resolver el duelo como se debe o repetir las dosis pasadas de llevar los juegos al límite del infarto.