Por: Danilo Jiménez 20 marzo, 2015

Herediano tuvo el golpe de red que le faltó a Saprissa ante América y bordó una noche de sentimientos intensos que encendieron la chispa del festejo en el Rosabal y la dispersaron por todo el país.

La divisa que se precia de bordar las mejores jornadas internacionales le dio de comer a su leyenda, con un fútbol que tuvo de todo: calidad, contundencia, derroche físico y algunos lujos para enamorar a la grada.

El Team florense saltó a la cancha con la idea clara de quién manda en Concacaf: no dio una pelota por perdida, jamás se amilanó, tuvo respuestas en su arco cuando Cambronero fue exigido y gol para cosechar una saludable ventaja.

Si Saprissa nos sonrojó, primero por dilapidar la oportunidad de hacerle 3 o 5 goles al mismo rival y dar después una pálida demostración en el Azteca, Herediano nos devolvió la confianza en un fútbol que vive su hora feliz desde la eliminatoria mundialista.

A este equipo florense hay que reconocerle progresos en varios frentes. A su probada capacidad para enhebrar juego, le ha sumado una importante cuota de carácter que emana de su técnico.

Reitero lo escrito decenas de veces: el Team jamás sacrificó su identidad en aras de un título. Siempre jugó a lo que sabe, que es juntarse, tocar y bordar con futbolistas de buen pie.

Nunca lo vi renunciar a esa identidad para asegurarse un título. Es más, creo que en ocasiones perdió campeonatos por pasarse de bueno en su pacto con la pelota, cuando quizá otro menos comprometido habría negociado jugar de otra manera.

La noche mágica del miércoles tuvo mucho de esa estirpe que viene desde los orígenes. El manejo de Elías y Ramírez encontró un complemento natural en el despliegue de Granados.

Y el resultado fue un equipo muy competitivo, a la altura del ranquin de Concacaf, sin miedo ante los pergaminos y millones del oponente, y muy convencido de que cuando se juega bien y hay comunión con su pueblo fiel, la gloria no puede ser esquiva.

Ahora viene lo más difícil: redondear en el Azteca esa noche de ensueño, goles, paredes antológicas, carácter y osadía para doblar a un rival que se paseó con deslucida pompa.

Herediano tiene fútbol para citarse con la historia en su hora más gloriosa. Me preocupan, eso sí, los intereses extrafútbol que pueden irrumpir en escena para que América se sobreponga.

Hablo de esas manos peludas e influyentes que mueven hilos para que las Águilas vuelen a la final de la Concachampions y continúen el trayecto al Mundial de Clubes. Hay que combatir ese riesgo con fútbol y a los florenses les sobra por historia y ADN.

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