Por: Kenneth Hernández Cerdas, Steven Oviedo 9 mayo, 2016

Herediano puso una mano en el trofeo de campeón tras arrodillar a Alajuelense 0-1 en el Alejandro Morera Soto.

Los florenses hicieron lo que pocos equipos lograron en el torneo, cortarle las garras al león, nublarle las ideas y asestar un golpe que perfectamente puede ser lapidario.

La relevancia de lo alcanzando por el Team es absoluta si se toma en cuenta que el de este lunes no era un partido cualquiera, sino el primer choque de la final del torneo de Verano.

En el papel, el 0-1 beneficia a los heredianos porque jugarán la vuelta en su casa donde han tenido un comportamiento intachable (no tiene derrotas), empero, la historia reciente entre estos oponentes no garantiza nada.

En el primer acto hubo tensión, exceso de faltas (una cada dos minutos), pocas acciones de infarto y mucho control de la pelota, especialmente del Team que le cerró las vías al gol al equipo casa.

Los rojiamarillos no se apuraron en ir a lanzarle piedras a Patrick Pemberton, lo suyo fue dominar el medio campo, frenar las arremetidas de Jonathan McDonald y amarrar a José Guillermo Ortiz. Y sobre todo encomendarse a Elías Aguilar.

El 10 florense se encargó de cuidar el balón y provocar que el celador de turno lo tumbara.

La fórmula les resultó a los heredianos en la primera parte porque, salvo un disparo que le desvió Leonel Moreira a McDonald, no hubo mayor noticia en el área visitante.

Los hombres de Medford pudieron abrir temprano la cuenta con un remate de Cubero que reventó en un poste. Esa fue la ocasión más expedita que tuvieron para poner contra la pared a la Liga en una fracción cortada regularmente por el pito de Wálter Quesada.

Las constantes faltas le bajaron la intensidad a un duelo que empezó con las revoluciones al máximo y fue perdiendo agilidad conforme los futbolistas jugaron al tiro al blanco con su rival.

En el segundo acto, Herediano pobló mucho más su parcela y eso significó que la Liga tuviera dificultades para superar el cerco.

Las jugadas de peligro en el arco de Moreira se diluyeron conforme los rojiamarillos hicieron del orden defensivo su mejor herramienta para anular el ataque alajuelense.

Javier Delgado echó mano del pequeño Harry Rojas para ser más punzante. La carta del timonel no funcionó esta vez porque la eficiente marca de Esteban Ramírez se impuso.

Al que sí le funcionaron las variantes fue a Medford que con los ingresos de Antonio Pedroza y José Sánchez aprovechó la desatención al cierre de la Liga y propinó el golpe certero. La zaga eriza se resquebrajó, José Sánchez recibió, Granados liquidó y apagó las luces del Morera.

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