El triunfo subió al Team a la zona de clasificación y le pasó el problema a la Liga

Por: Johan Umaña V. 4 abril, 2013

Heredia. Con puro corazón, Herediano ganó un duelo de emociones marcado por una expulsión que cambió la historia.

El Herediano-Alajuelense de los últimos años es garantía de entrega, futbol, patadas y pleitos. Un trepidante remolino de emociones que gusta pese a la ausencia de lo que se suele llamar buen futbol. Anoche no fue la excepción.

Son equipos que se conocen y hacen tanto daño como reciben.

Si la Liga tiene velocidad mortal por las bandas, el Team tiene en sus laterales el antídoto necesario.

Si el Team busca construir por el centro, la Liga tiene recuperadores precisos para detenerlos.

Por eso, la creciente rivalidad de los planteles y la endeble mano del silbatero Allen Quirós el partido fue crispado, nervioso, de poco control y más brios que orden.

Entre el desorden emocional que fue el primer tiempo, la Liga supo acomodarse mejor a las condiciones. También tuvo suerte.

Primero porque Herediano jugó la inicial en desventaja. En un inicio por el error de alinear a Mauricio Núñez, quien parece no salirse de la Sub-21; luego, porque Óscar Granados lesionado completó el parcial en una pierna.

Después, porque Cristian Montero (38’), se durmió y dejó que Alelen Guevara le arrebatara el balón para construir la apertura del marcador con pase a Jerry Palacios.

Sin embargo, el Herediano también contó con la complicidad de la defensa rival. En el tiempo de reposición un rechazo cayó en los pies de Yendrick Ruiz y el ariete aprovechó la pasividad de los marcadores para desarrollar, en complicidad con Yosimar Arias, el servicio que Víctor Núñez envió al fondo.

Vendaval de patadas y tarjetas. En los primeros ocho minutos del complementó Quirós disparó cinco tarjetas amarillas y una roja, la de Meneses por devolverle una agresión a Waylon Francis.

Esa expulsión cambió la tonalidad del encuentro. Herediano, local y obligado a buscar ascender a la zona de clasificación, tomó el balón e hizo suyo el control del partido, más nunca tuvo las ideas claras para pasar a la defensa rival.

Mas hay noches en las que todo es coraje y la recompensa llega. En un tiro de esquina muy “pulseado” Yendrick Ruiz remató y el travesaño se la devolvió. Mambo pecó pero no así Pablo Salazar, aquel que en otros tiempos era capitán y corazón del Herediano.

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