Por: Kenneth Meléndez 20 septiembre, 2016
El entrenador portugués volvió al banquillo alajuelense el 11 de setiembre, cuando la Liga venció 3-2 a la UCR. | JOSÉ CORDERO
El entrenador portugués volvió al banquillo alajuelense el 11 de setiembre, cuando la Liga venció 3-2 a la UCR. | JOSÉ CORDERO

Los agüizotes, las imágenes de la Virgen de Fátima y las oraciones se mezclan con los apuntes tácticos del técnico de Alajuelense Guilherme Farinha.

El portugués confesó a La Nación que desde que retomó el banquillo manudo hizo algunos cambios y ha mantenido algunos de sus rituales.

Farinha tiene en el camerino una imagen de la Virgen de Fátima, a la que siempre le ha guardado gran devoción. Incluso, cada vez que tiene la oportunidad de ir a Portugal, visita el templo dedicado a su patrona.

Más allá de la fe, el primer cambio realizado tiene que ver con el banquillo. Antes el local se sentaba en el banquillo norte, pero desde que llegó Farinha los erizos se pasaron al sur.

“Decido cambiar al banco que está más cerca de los camerinos. Los campeonatos nacionales que ganó la Liga conmigo en el banquillo fue en ese. Por tanto, este será mi banquillo y el de Alajuelense, este será el banquillo de los campeones”, confesó el timonel rojinegro.

En esa banca, Farinha se sienta de primero, en el asiento más cercano al medio campo.

Pero antes de ocupar su lugar, el luso continúa con la segunda parte de su ritual: entrar al campo con la pierna derecha, hacer la señal de la cruz y orar mientras se dirige a la banca.

“Pido que me ayude a orientar bien a nuestro equipo y que principalmente proteja la integridad física de nuestros atletas y que los inspire a que hagan buenos partidos. Pido también una paz para todas las gentes, que entiendan que el fútbol es lucha sin maldad, también por los adversarios, porque los respeto, y pido que al final los tres puntos sean para la Liga”, agregó el estratega erizo.

El luso contó además que, aunque los jugadores prefieren iniciar los partidos atacando hacia un lado, él se deja guiar más por la intuición.

“Escogemos atacar mediante un pensamiento o sentimiento de momento, también tomando en cuenta si hay lluvia o no hay lluvia, si hay calor o no hay calor, si hay viento o no, si hay humedad, si hay mucha o poca gente en el estadio”, explicó.

El ritual de Farinha no termina ahí, ya que antes del final del partido saluda a cada uno de los integrantes de su banquillo.

“Cuando ya estamos para terminar un partido me levanto y voy desde el primer jugador hasta mi asiento, y saludo con la mano a todos, jugadores, cuerpo técnico, médicos y utileros. Siempre me gusta saludarlos y mirarlos a los ojos”, finalizó Farinha, quien en todo momento expresa su amor a la Virgen de Fátima.

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