Según sus allegados, el Gladiador dejó un legado de liderazgo, carácter y lealtad

Por: Esteban Valverde 21 noviembre, 2016

Gabriel Badilla apenas tenía 17 años, pero su carácter lo hacía jugar como un veterano; el liderazgo y hambre por ganar lo diferenciaban de los demás.

Así lo demostró en un fogueo entre la Selección Infantil y la Mayor en el 2001, cuando le tocó bailar con la más fea: intentar detener al mítico Hernán Medford.

Hernán hacía sus tradicionales amagues y en una jugada recibió una fuerte entrada, desde el suelo miró hacia arriba y un muchacho con cara de niño lo veía seriamente... era Badilla.

“Casi termino peleándome con él. Yo mismo después recordando decía ‘este va a ser duro, este chamaco va a llegar con un gran carácter’”, recordó Medford el domingo, día en el que el excapitán morado falleció cuando realizaba una carrera de atletismo.

Gabriel Badilla: un auténtico pura sangre
Gabriel Badilla: un auténtico pura sangre

A Gabriel se le conocía como el Gladiador, un apodo que se le puso desde sus inicios, en el 2001, por la constante lucha que daba a los artilleros rivales.

“Es que sí era un jugador entregado, con una mentalidad ganadora, era duro enfrentarlo, tenía mucha lucha, de esos defensas que vos llegás y los podés pasar una vez, pero cuando te das cuenta está de nuevo marcándote”, describió Pablo Izaguirre, exjugador de Alajuelense.

La familia de Gabriel Badilla acudió al Ricardo Saprissa el domingo en la noche.
La familia de Gabriel Badilla acudió al Ricardo Saprissa el domingo en la noche.

El exlíder tibaseño no se arrugaba ante el choque, no le temía a ningún delantero y hacía todo lo que estuviera a su alcance con el único fin de terminar vencedor. Tuvo razón el narrador Kristian Mora al ponerle ese apodo.

Siempre se ha dicho que el liderazgo se desarrolla con experiencia, sin embargo en Gabriel era una característica natural.

Vela de Gabriel Badilla en el Ricardo Saprissa
Vela de Gabriel Badilla en el Ricardo Saprissa

Con 17 años no tuvo temor de defenderse frente a Medford, tampoco se echó para atrás cuando le tocó entrar por primera vez en el camerino morado.

A finales del 2001 se hizo un espacio en un vestuario en el que estaban entre otros, Erick Lonis, Víctor Cordero y Gilberto Martínez. Entró con la cabeza arriba y un semblante serio, dos rasgos típicos en él.

“Él tenía un hambre de ganar que contagiaba, mucho ímpetu. Yo siempre supe que él iba a ser capitán del equipo porque se le veía desde el inicio”, destacó Lonis sobre su excompañero.

Siempre respetuoso y leal con los suyos, así una vez se atrevió a salir en defensa de sus compañeros en un complicado duelo de la S en tierras nicaragüenses.

“En la eliminatoria de Concacaf que fue en Nicaragua, Hernán (Medford) nos regañó porque se estaba complicando el juego, y Gabriel reaccionó con furia y enojo, como diciéndole a Medford que no tenía miedo”, contó Juan Bautista Esquivel.

De hecho, Juan Diego Quesada, entrenador del exzaguero en categoría infantil, no escondió la admiración que sintió al valor de la lealtad que tenía su expupilo.

“Siento que el legado de Gabriel pasa por la lealtad, porque en su despedida que fue hace muy poco tiempo, él podía jugar más y había equipos interesados, pero él dijo ‘soy saprissista y solo quiero jugar con este equipo’, eso es difícil verlo ahora”, resaltó.

Un gladiador partió, pero como gran luchador dejó un legado lleno de liderazgo, carácter y lealtad para con los suyos y el saprissismo. algo que es un ejemplo para el deporte nacional.

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