Por: Danilo Jiménez 5 febrero, 2016

La Sele paseó por Venezuela su versión más austera, una colección de futbolistas de segunda fila que ni en el más apocalíptico de los escenarios vería acción en la eliminatoria.

Porque, seamos claros, Acosta, Waston, Azofeifa, Venegas y Ramírez, los cinco rescatables, jamás serán la base de equipo alguno que Óscar Ramírez empleará en el camino a Rusia 2018.

Ellos, se sabe, ya tienen patente fija como relevo o convocatoria segura en la eventualidad de que los de primera fila, léase Keylor, Duarte, Gamboa, Tejeda, Campbell, Ruiz, Borges, etc., sean baja por castigo o lesión.

Entonces, con esa realidad cantada, ¿qué sentido tienen fogueos como el de esta semana en Venezuela, en donde se arma un plantel con hombres y nombres sin futuro en la Selección?

¿O acaso el portero Marco Madrigal tiene alguna opción en la pirámide que encabezan Navas, Pemberton, Alvarado, Carvajal y Moreira? ¿O vería acción Junior Alvarado –de buen accionar– con Yeltsin, Celso, Cubero, Granados y Azofeifa por delante?

No tiene sentido ir a hipotecar el prestigio bien ganado en una experiencia cuyo desenlace se sabe de antemano, es decir, que ya contamos con 5-6 futbolistas para tener en cuenta y sumar a los 12 inamovibles. ¿O acaso cuentan más unos pocos dólares o acumular millas de viajero?

Son de impacto tan relativo estos amistosos que, a contrapelo de lo que dicta el manual, importa el rendimiento individual y no el colectivo, porque difícilmente estos futbolistas convocados volverán a coincidir juntos. Y a uno le parece que los propios jugadores la tienen clarita porque se esmeran más en la acción personal, que en la colectiva, en situaciones de juego en donde quizá convendría darla al compañero mejor ubicado, pero prefieren jugársela en solitario.

Por eso no tiene sentido quemar neuronas en el análisis del equipo y sus movimientos en defensa, medio campo y ataque. Y la razón es sencilla: nada será concluyente en un equipo que se armó solo para cumplir con un compromiso.

Tampoco es justo, por ejemplo, enfilar las críticas contra Venegas en determinada situación de juego porque no es lo mismo tener a Bryan o Campbell como complemento, que a otro muchacho con menos rodaje en la Selección.

Lo mantengo: estos fogueos no sirven para un carajo.

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