La Liga, no muy superior en fútbol sacó la victoria ante Limón por su planilla

Por: José Luis Rodríguez C. 17 noviembre, 2014
Pablo Antonio Gabas besa el escudo rojinegro tras el gol que le anotó ayer a Limón FC en el Morera Soto, apenas empezando. | RAFAEL PACHECO
Pablo Antonio Gabas besa el escudo rojinegro tras el gol que le anotó ayer a Limón FC en el Morera Soto, apenas empezando. | RAFAEL PACHECO

Alajuela. Pese a que la Liga ayer no fue tan superior a Limón, equipo que “raspa la olla” para mantenerse flotando, su triunfo era algo esperado, casi obvio.

Fue 2-1, es cierto, poco para los fiebres, pero se debe pensar que cuando al frente hay un rival débil, a veces el club superior juega tranquilo, “suave”.

El resultado de anoche no podía ser otro que la victoria.

Nunca se debe desmeritar lo que pueda conseguir uno de los “pequeños”, pero es tan poco lo que tiene Limón FC, que su paso por la Primera División pasa de ser una bonita experiencia a un martirio cada vez que salta al campo de juego.

Para la Liga eso no es relevante, ya que al igual que el Herediano, conforme pasan los partidos se siente y se ve mejor, logrando que la curva de rendimiento llegue a su pico máximo cuando más lo necesita.

Mientras que en Limón rotar futbolistas por la razón que sea es una lotería, en Alajuelense el que entra se sabe a la perfección su papel; el equipo no sufre.

Ver al joven zurdo Rónald Matarrita con la confianza de un veterano y a Kenner Gutiérrez solvente por la derecha, donde no es su hábitat, evidencian que la máquina rojinegra está a años luz de un conjunto como la Tromba del Caribe , que llegó al estadio Morera Soto sin preparador físico ni médico.

Tales limitaciones circunscriben a los caribeños a vivir de alguna individualidad.

Pero en el cierre del torneo, y con el primer lugar en disputa, Alajuelense no deja nada al azar y saca partidos desde el inicio.

El gol del tico argentino Pablo Antonio Gabas a los cinco minutos es solo una prueba más de las diferencias abismales entre ambos clubes, de su status.

Mientras que en el primer tiempo los manudos sumaron tres opciones claras, Limón solo asustó con un disparo que el guardameta Patrick Pemberton sacó a tiro de esquina.

Subió la cuenta. La facilidad para mover los hilos provocó que apenas en el primer minuto del complemento cayera el segundo, cuando Matarrita, aquel chiquillo lleno de confianza, se filtró por derecha y la tocó a Álvaro Sánchez, solo en el segundo palo.

En un descuido, común cuando a veces se juega con desgano, Henry Cooper, otrora goleador, marcó el 2-1, con tan mala suerte que la acción lo lesionó.

El tanto acicateó el espíritu de “chico”, aquel al que no se debe desmeritar, y que tuvo la osadía de hacer dos remates peligrosos.

El triunfo fue erizo tal vez no porque su juego fuera superior, sino porque es el poderoso.

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