Por: Antonio Alfaro 14 mayo, 2016

No me maten la ilusión. No se pongan serios. No guarden los filazos. No fumen la pipa de la paz (que en su caso podría ser la birra y el vino de la paz). No digan ‘somos amigos dentro y fuera de la cancha’. Jamás, un ‘somos hermanos’.

No sean aguafiestas. Mejor sería adelantarle a un fanático de Game of Thrones que en la próxima temporada no muere nadie, que Tyron desaparecerá de escena y que a la atractiva Melissandre solo le veremos los tobillos. No sean aburridos. Si desde anoche nos quedamos sin campeonato nacional por dos meses y medio, al menos déjennos la ilusión de sus enfrentamientos.

Si tenemos que soportarlos, al menos permítannos disfrutarlos. Aunque sea de vez en cuando. No dejen de ser Hernán Medford y Jeaustin Campos.

Su coincidencia, por primera vez rivales en el campeonato nacional, promete emociones. Son la amenaza de la Liga y Saprissa, candidatos a convertirse en el nuevo clásico del campeonato nacional. Sus conferencias de prensan auguran ser más atractivas que más de un partido.

Dejen que Watson y Delgado se quemen el coco pensando en planteamientos y rayando la pizarra. A Medford y a Jeaustin les alcanza para pensar el fútbol y llevar el juego verbal al punto que creen más conveniente.

Sacar de concentración al rival, poner al árbitro en titubeos, desviar la atención, provocar a los propios en busca de más agallas es su especialidad.

Lo de Medford quizás es más genuino, menos premeditado, más al calor del momento. Después sonríe, no pasa nada, no hay problema, somos pellizco en nalga, es parte del show. Y quizás lo es. Su show.

Jeaustin deja menos cosas al calor del momento, busca las debilidades del rival dentro y fuera de la cancha. Las encuentra. Las expone en un momento que rara vez parece fortuito.

De ellos no se puede decir el “mucho ruido y pocas nueces” (prefiero la versión tica “mucho rin rin y nada de helados”). Los cinco títulos de Jeaustin con Saprissa y los cinco de Medford, con Xelajú, Real España y Saprissa (3), incluyendo el cetro de Concacaf, no permiten dudar de su capacidad al mando de equipos grandes. Que sus frases incendiarias igualen sus triunfos, ya es un atractivo adicional.

Ambos parecen lejanos al Saprissa de hoy, diplomáticamente correcto, muy decente, con un técnico que no alza la voz ni cuando alguna pregunta de la prensa le calienta la cabeza. Watson es un caballero, cuyos filazos visten de saco y corbata. Con un Javier Delgado manso, aunque no menso, todo el peso de la polémica dependerá de Jeaustin y Medford. Cuidado nos fallan.

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